¿Os imagináis que la ciudad que estáis pisando tuviera un piso de abajo? Uno hecho de criptas, pozos excavados en la roca, galerías inundadas y túneles que, todavía hoy, nadie ha recorrido enteros. ¿O qué hubiera cuevas y hasta secretos en los "techos" de una iglesia que han tardado en descubrirse?. Pues de eso va esta ruta por la Salamanca de leyendas y misterios: de lugares que quizás conocías menos de esta maravillosa ciudad, muchos de ellos visitables.
Porque hay una Salamanca que sale en las postales —dorada, plateresca, perfecta al atardecer— y otra que vive entre esos mitos, donde el diablo daba clases, donde un techo estuvo escondido 250 años y donde el agua de unas galerías secretas dicen que alargaba la vida. ¿Por cuál de las dos empezamos?
Os propongo un recorrido siguiendo el hilo de lo oculto: cueva, pozo, túneles, un palacio con pasadizo, un convento con secreto y un par de leyendas talladas en piedra a plena luz.
- La Salamanca que no ves: por qué una ciudad tan luminosa esconde tanto
- El Pozo de Nieve, la puerta a la Salamanca subterránea
- La Cueva de Salamanca, donde el diablo daba clases de magia
- ¿Túneles y pasadizos bajo Salamanca? Lo que se cuenta y lo que se sabe
- El túnel del Palacio de Monterrey, secretos y tumbas
- El artesonado oculto de Las Claras, 250 años escondido a la vista
- El Huerto de Calixto y Melibea, el jardín del amor que acaba mal
- Leyendas de piedra: la rana, el astronauta y los secretos de las fachadas
- Tradiciones vivas: el Mariquelo y los vítores en rojo
- Cómo vivir la Salamanca oculta (la parte práctica)
La Salamanca que no ves: por qué una ciudad tan luminosa esconde tanto
Esto no es casualidad. Tiene que ver con lo que Salamanca fue durante siglos: una de las grandes universidades de Europa. Y donde hay saber medieval, antes o después aparece el rumor del saber prohibido. Donde hay conventos de clausura, hay muros, vidas a puerta cerrada y secretos que no salían de allí. Y donde hay siglos de reformas encima de reformas, hay cosas que se tapan… y se olvidan.
Por eso esta ciudad acumula leyendas como pocas en España. Unas son pura fantasía popular. Otras son historia real que parecen verdaderos mitos. Y la gracia del paseo está, precisamente, en aprender a distinguir cuál es cuál.
El Pozo de Nieve, la puerta a la Salamanca subterránea
Empezamos bajo tierra, y empezamos fuerte. Porque el Pozo de Nieve parece la parada más inocente de la ruta —una antigua "nevera" del siglo XVIII— y es justo lo contrario: es la puerta a todo lo demás. Pero vamos por partes. Antes de que existieran los frigoríficos, ¿cómo guardaba hielo una ciudad entera? Pues así: con un pozo de siete metros excavado en la roca, cubierto por una bóveda de pizarra, donde se prensaba la nieve capa a capa con paja de por medio. Una nieve que llegaba de noche, en mulos, tras recorrer casi 90 kilómetros desde la Sierra de Béjar y la Sierra de Francia.
El hielo era un bien de lujo, y como todo lujo, daba dinero y pleitos: hubo litigios sonados sobre quién tenía derecho a vender la nieve de la sierra (el duque de Béjar llegó a reclamarla como suya hasta que un juzgado dijo que no). Pero el verdadero misterio no es el pozo. Es lo que apareció al lado.
Durante siglos, este lugar fue apenas un susurro entre las leyendas locales. Hasta que en 2009 una excavación arqueológica, dirigida por la arqueóloga Elvira Sánchez, comenzó a retirar capa tras capa hasta sacar a la luz la estructura intacta… y, casi por casualidad, un sistema de galerías y túneles subterráneos labrados en la piedra, a trece metros bajo el suelo. Con agua corriendo, estalactitas que se deshacen si las tocas, y pasillos que llegan a puertas cerradas por derrumbes y no dejan ver más allá.
¿Y a dónde van esos túneles? Esa es la cuestión. Nadie lo sabe. Se dice que algunos podrían datar del siglo XVI, y que son precisamente las galerías donde se cuajaron las grandes leyendas de la ciudad: sus criptas, sus brujas, sus hechiceras… y su famosa Cueva de Salamanca, que es justo nuestra siguiente parada. Hasta surgió el rumor de que el agua de estas galerías tenía propiedades curativas y alargaba la vida (especulación, ojo, pero ya me diréis qué leyenda buena no nace de un buen rumor).
¿Lo veis? El pozo no es el misterio. Es la cerradura. Y la llave está unos metros más allá.
La Cueva de Salamanca, donde el diablo daba clases de magia
Esta es la leyenda madre, la que conoce todo salmantino. Y conviene contarla entera, porque casi siempre se cuenta a medias. La Cueva de Salamanca no es una cueva natural: es la cripta de la desaparecida iglesia de San Cebrián, un espacio pequeño y sobrio, bajo tierra, junto a un trozo de la muralla vieja y a la torre del Marqués de Villena. Y cuenta la leyenda que aquí, durante siete años y en la oscuridad de la noche, el mismísimo diablo —disfrazado de sacristán— daba clases de nigromancia, adivinación y artes tenebrosas a siete alumnos.
El precio del curso era de los que hielan la sangre: al acabar los siete años, se echaba a suertes, y uno de los siete debía quedarse para siempre con el maestro. El elegido fue el Marqués de Villena. Pero el tipo era listo: huyó. Y en la fuga conservó la vida… aunque el diablo le arrebató la sombra como pago al no poder atrapar su cuerpo. Desde entonces, dice la tradición, anduvo por el mundo sin sombra que lo delatara —lo que, curiosamente, explicaba que la Inquisición no lograra cazarlo jamás—. Su leyenda viajó tan lejos que en Alemania acabó emparentando con la del propio doctor Fausto.
Y aquí viene lo bueno, lo que casi nadie te cuenta: el Marqués de Villena existió de verdad. Era Enrique de Aragón (1384-1434), apodado "el Nigromante", alquimista obsesionado con la vida eterna, cuyos libros mandó quemar el rey Juan II por considerarlos peligrosos. ¿Entendéis ahora por qué la leyenda se le pegó como una sombra (nunca mejor dicho)?
Eso sí, no todo el mundo se tragó la historia. Ya en el siglo XVIII, el padre Feijóo lo dejó claro: aquí no había diablo ninguno, sino un sacristán que con cuatro juegos de manos engatusaba a los muchachos y les sacaba los cuartos. "Todo lo demás lo fue añadiendo el vulgo poco a poco, hasta formar una gigantesca fábula", escribió.
Probablemente tenía razón pero confesad: ¿no es mil veces mejor la versión del diablo?
¿Túneles y pasadizos bajo Salamanca? Lo que se cuenta y lo que se sabe
Llegados aquí, toca poner orden, porque es donde más se mezclan la realidad y la fantasía. Si preguntáis por la calle, más de uno os jurará que bajo Salamanca corre una red de túneles laberínticos que conecta conventos, palacios y la universidad, y que se puede cruzar la ciudad entera sin pisar el suelo. La propia leyenda de la Cueva dice que su entrada da paso a ese mundo subterráneo que nunca ve la luz.
¿La verdad? Que esa red mítica que "lo conecta todo" es, sobre todo, leyenda popular: no hay nada que la documente. Pero —y este pero es importante— ya hemos visto que pasadizos reales sí existen: las galerías del Pozo de Nieve son de carne y hueso, perdón, de piedra y agua. El truco está en no comprarse el mito entero ni descartarlo del todo. Porque hay un pasadizo concreto, con nombres y apellidos, que merece su propio capítulo.
El túnel del Palacio de Monterrey, secretos y tumbas
Frente a la plaza de las Agustinas se levanta el Palacio de Monterrey, una de las cumbres del plateresco mundial y, desde el siglo XVII, posesión de la Casa de Alba. Justo enfrente, el Convento de las Agustinas y su Iglesia de la Purísima, levantados por la misma familia para servirles de panteón. Dos edificios, una plaza estrecha de por medio… y una historia que se cuenta en voz baja.
A diferencia de los túneles míticos de antes, este tiene nombres propios. La leyenda habla de un pasadizo secreto bajo la plaza. Y lo curioso es que tiene un anclaje real inquietante: el Conde de Monterrey que levantó el convento como su propio panteón tenía una hija natural… que era la priora de clausura allí mismo. ¿Construyó el Conde un túnel hasta la cripta para poder visitar a su hija en secreto y pasear por su futura tumba? El rumor lleva siglos vivo.
Por si fuera poco, entre estos muros vivió Diego de Torres Villarroel: matemático, astrólogo y escritor del siglo XVIII, una de las grandes figuras de la "Salamanca mágica" y —atención— uno de los autores que escribieron sobre la mismísima leyenda de la Cueva. Un mago de carne y hueso en un palacio con pasadizo secreto. ¿Se puede pedir más?
El artesonado oculto de Las Claras, 250 años escondido a la vista
Si tuviera que quedarme con un solo misterio de toda la ruta, sería este. Y lo mejor: no es leyenda. El Convento de Santa Clara —Las Claras, para los salmantinos— tenía una iglesia con una bóveda barroca de lo más normal. Lo que nadie sabía es que, justo encima de esa bóveda, en el hueco entre el techo falso y el tejado, dormía un artesonado mudéjar de los siglos XIV y XV, policromado y cubierto de escudos de Castilla y León y de la nobleza local. Lo taparon en el siglo XVIII (mano de la escuela de Churriguera) y ahí se quedó, olvidado, durante unos 250 años.
¿Y cómo se redescubrió? Agarraos. En febrero de 1973, unos obreros que reparaban el tejado se metieron en ese hueco entre la bóveda y la cubierta… a coger las palomas que anidaban allí. Y, persiguiendo palomas, se toparon con uno de los mayores tesoros artísticos escondidos de Salamanca.
Hoy podéis vivirlo de una forma única en el mundo: un sistema de pasarelas os deja caminar entre el artesonado medieval y la bóveda barroca, a un palmo de la madera de siete siglos. Aquella restauración recibió el premio Europa Nostra de manos de la Reina Sofía, y desde que las clarisas dejaron el convento en 2019, el conjunto es el nuevo Museo de Pintura Medieval de Salamanca. Y atención al detalle de la heráldica del techo, porque ahí arriba hay escrita, en escudos, toda una historia de poder.
El Huerto de Calixto y Melibea, el jardín del amor que acaba mal
Bajamos un punto el dramatismo, pero no la intensidad. El Huerto de Calixto y Melibea es un jardín tranquilo encaramado sobre la muralla, con vistas a la catedral y al río Tormes. También es uno de los rincones más románticos —y más trágicos— de Salamanca.
El nombre viene de La Celestina, esa obra cumbre de las letras españolas cuyo autor, Fernando de Rojas, anduvo por esta universidad. La leyenda sitúa aquí los amores secretos de Calixto y Melibea. ¿El final? El de las grandes historias de amor de la literatura: terrible. Calixto muere al caer de una escala intentando saltar el muro, y Melibea, rota, se arroja al vacío desde una torre.
Es la parada perfecta para tomar aire en mitad de la ruta. Os sentáis, miráis el río, dejáis que la historia haga el resto. ¿Existe mejor escenario para una leyenda de amor que un jardín colgado sobre una muralla medieval?
Leyendas de piedra: la rana, el astronauta y los secretos de las fachadas
Y ahora salimos a la calle, a plena luz, porque algunas de las mejores leyendas de Salamanca están a la vista… si sabéis dónde mirar. La más famosa: la rana de la Universidad. En la fachada plateresca de las Escuelas Mayores, posada sobre una calavera, hay una ranita labrada. La tradición dice que quien la encuentra sin ayuda tendrá suerte (y los estudiantes juran que aprueban).
La más surrealista: el astronauta de la Catedral. En la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva hay tallado un astronauta con su traje espacial. Y a su lado, un dragón comiéndose un helado. Tranquilos, no es un misterio templario ni una profecía: son añadidos modernos de la restauración de 1992, la firma traviesa de los canteros. Pero buscarlos es media diversión.
Esta parte de la ruta es ORO con niños. Convertidla en gymkhana: "el primero que encuentre la rana / el astronauta / el dragón, gana". Dejan de arrastrar los pies por las piedras y se transforman en detectives. Probado. Ah, y ya si buscas la segunda rana en otra de las joyas de Salamanca, Casa Lis, el tesoro está completo
Ah, dejad los móviles. La gracia es buscarlos con la vista y dar con ellos vosotros mismos.
Tradiciones vivas: el Mariquelo y los vítores en rojo
Cerramos con dos misterios que siguen latiendo hoy. El primero es el Mariquelo. Cada año, un hombre trepa hasta lo más alto de la torre de la Catedral para conmemorar que Salamanca sobrevivió al gran terremoto de Lisboa de 1755. Aunque la torre sufrió daños gravísimos, quedó ladeada y las campanas sonaron solas por el temblor, el milagro que se agradece es que no hubo víctimas mortales por los desprendimientos. Una tradición que se perdió, se recuperó y hoy es todo un acontecimiento. Subir ahí arriba, a pulso, una vez al año, para dar gracias en medio de la tragedia.
El segundo lo tenéis pintado por media ciudad: los vítores. Esas enormes inscripciones rojas en las fachadas celebraban a los nuevos doctores de la universidad. Y aquí va el mito que os contarán: que están pintados con sangre de toro. Suena épico, ¿verdad? Pues la realidad es más prosaica: el pigmento era almagre, un óxido de hierro rojizo.
La sangre de toro es, sobre todo, leyenda. (Aunque reconozco que "lo pintaron con sangre" queda mucho mejor en una foto de Instagram.)
Cómo vivir la Salamanca oculta (la parte práctica)
Vale, ya tenéis las paradas. ¿Cómo se monta esto sin volverse loco? Lo primero: casi todo cae en el casco histórico y alrededores, se hace andando. Cueva, Pozo, Las Claras, Monterrey, Huerto, Universidad y catedral están relativamente cerca. Calculad medio día si queréis entrar a los sitios con calma, no solo verlos por fuera. Comprobad horarios y reservas el día antes, que varios de estos espacios abren en franjas concretas.
Lo segundo, OBLIGATORIO, pasea la ciudad más bonita iluminada de España ¡DE NOCHE! Es pura magia...
➡️ Y si lo que buscáis es la Salamanca de día, la de "lo imprescindible de postal", la tenéis enterita en mi guía Qué ver en Salamanca. Esta ruta de leyendas es su cara B.
Salamanca se deja querer fácil. Llegas, ves la Plaza Mayor dorada al atardecer y ya estás rendido. Su escenario monumental es de los mejores de Europa pero, como ves, Salamanca no se acaba nunca. Existe otra que guardan los túneles que nadie ha mapeado, la que esconde un techo durante 250 años o la que se escribe en las paredes en color sangre. ¿Os atrevéis a descubrir la Salamanca de leyendas y misterios?
Isaac, desde Salamanca (España)