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Vietnam 2016

A finales del pasado mes de octubre pusimos rumbo a Vietnam. Un país bellísimo y una gente cordial y amable de semblante aparentemente triste.

Sin duda un viaje lleno de expectativas y de experiencias variopintas que no nos defraudo.

La noche que llegamos a Ho Chi Minh (antiguo Saigón), aún nos dio tiempo de salir y hacer una primera toma de contacto para cenar.

Habíamos cogido un hotel muy céntrico y esto nos permitió disfrutar del paseo central, con vistas al Ayuntamiento y de la gente, que allí se concentraba disfrutando de su tiempo de ocio.

Al día siguiente recorrimos los lugares más importantes de la ciudad; el edificio de correos, que es bastante singular, la basílica de Notre Damme, como ellos la llaman, el Palacio de la Reunificación antes conocido como Palacio de la Independencia, plazuelas y mercados, etc. y nos fuimos haciendo una idea de su modo de vida.

Este tipo de ciudades asiáticas no te dejan indiferente, por supuesto, pero uno es consciente de que el planeta es incapaz de soportar estas formas de vida que tarde o temprano lo llevarán a la ruina.

Uno se pregunta cómo una ciudad como esta, de doce millones de personas puede sobrevivir sin morir en el intento, considerando que no cuenta con metro; el transporte público es escaso y sus habitantes deben realizar largos recorridos para ir a trabajar, al colegio, etc.. Es realmente un verdadero misterio.

La mayor parte de la población se mueve en moto y como se puede suponer, las carreteras están invadidas por ellas, éstas ocupan igualmente las aceras ya que al no tener espacio propio para el aparcamiento se ven obligados a dejarlas donde pueden y ese mismo problema lo tienen los vehículos.

Es un inmenso laberinto contaminado, donde extrañamente convive una circulación inmensa pero el respeto a los demás hace que los accidentes no sean tan frecuentes como uno pudiera imaginar. Si se pretende cruzar cualquier calle o avenida, el consejo más común que te dan será el de que te metas sin mirar pero, eso sí, caminando despacio para que ellos controlen tus movimientos y no seas atropellado. En fin un modo de vida caótico para nosotros y que ellos parecen controlar de forma natural.

El primer día nos dirigimos a uno de los afluentes del río Mekong, para observar aquella relación especial de los vietnamitas con las aguas. En el camino visitamos una fabrica de ladrillos, totalmente artesanal y a parte de pasear en barca por el delta del río, comimos en un restaurante de lo mas rural, muy agradable..

La comida en Vietnam es poco contundente para lo que nosotros estamos acostumbrados. Muchas sopas aguadas llenas de verduras, carnes y pescados. Todo bastante light. No dudo de que sean nutritivas, pero llenan poco el estómago. No me extraña que la mayor parte de ellos sean bastante delgados, aunque debo decir que parece que sea una comida sana. Se me olvidaba el arroz. Ellos son el segundo productor de arroz del mundo, un arroz de grano pequeño que a veces parece una pasta. También visitamos una fabrica artesanal de arroz, donde todo se elaboraba a mano, arroz en grano, tortitas de arroz, fideos de arroz y todos los múltiples usos que ellos le dan a este cereal.

Volvimos a la ciudad de Ho Chi Minh y aquella noche subimos a uno de los rascacielos más altos, desde donde se apreciaba una vista del río y los alrededores espectacular y por supuesto se divisaba el caos del tráfico en toda su magnitud.

La ciudad de noche cobraba un sentido especial de relajación, ya que como dije antes, la gente salía a disfrutar de su paseo tras la agitación de un día de trabajo.

El tercer día visitamos la zona de Cu Chi, que se trata de un gran sistema de túnedles ubicados a las afueras de la ciudad de Ho Chi Minh. Estos túneles fueron construidos durante la guerra de Vietnam.

Los túneles fueron utilizados por las guerrillas del Viet Cong como escondrijos durante el combate y también como rutas de comunicación y suministros, hospitales, almacenamiento de alimentos, armas y alojamiento de un gran número de guerrilleros. Estos túneles fueron de gran importancia en la resistencia del Viet Cong contra las tropas de Estados Unidos, a los que cazaban desde sus escondrijos como moscas por lo que tuvieron finalmente que abandonar.
Yo no quise entrar en semejantes madrigueras, estrechas y sofocantes, pero Antonio sí lo hizo y tuvo que salir en su distancia más corta, ya que se podían recorrer, 20, 40 y hasta 100 m. si querías, pero el calor y la claustrofobia eran tales que mejor no hacerlo. Es casi inimaginable como pudieron sobrevivir en tales circunstancias y eso que ahora supuestamente están ensanchados para los turistas.

Ese día volamos a la ciudad de Can Tho. Allí pasaríamos la noche para por la mañana madrugar e ir a ver el mercado acuático de Cai Rang. Esta ciudad no tenía mucho que ofrecer, salvo su puente extraño, iluminado con múltiples colores, como se suelen encontrar en algunos países de Asia, unos cuantos restaurantes pintorescos y un paseo muy agradable.

Al día siguiente nos dirigimos al mercado flotante de Cai Rang. Aunque para nosotros era temprano, ellos habían comenzado ya la actividad a las 5 de la mañana, por lo cual, las 8 era demasiado tarde para contemplarlo en todo su esplendor, aunque aún quedaban comerciantes, pero ya no se veía esa actividad frenética que lo caracteriza. No dejaba de ser una forma de vida singular y pintoresca poder ver como se compraban y vendían frutas y verduras, entre otras cosas, negociando entre las barcas.

Nuestro siguiente vuelo nos llevaría a Camboya, a Siem Reap, donde estaríamos unos días recorriendo sus múltiples e increíbles templos, hoy patrimonio de la Humanidad.

Camboya, un país frontera con Vietnam, solo que allí te encuentras con otro tipo de cultura y forma de ver y entender la vida, más parecida en lo religioso con la India.

Hacía un calor húmedo inimaginable, pero nuestro recorrido por los templos fue una experiencia increíble.

Angkor es una región de Camboya de las antiguas capitales del Imperio Jemer durante su época de esplendor. Sus monumentos y templos se encuentran cerca de la ciudad de Siem Reap, y fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992.

Esta zona se encontraba oculta por la selva pero se ha conseguido recuperar una gran parte de su patrimonio. Su templo más importante, Angkor Wat, fue dedicado originalmente al dios hindú Vishnú.
La verdad es que en algunos de los templos de la zona, las raíces de los árboles, que se encuentran enmarañadas entre las ruinas, forman ya parte del encanto imponente de éstos.

Debo decir que, dada la afluencia de turistas en la zona, la ciudad de Siem Reap, cobra una vida nocturna increíble.

Días después de empaparnos de lo que eran los templos camboyanos desde todos sus ángulos, incluido un globo estático, que lo único que te permitía era ver la región desde una altura considerable, ya que era inmovil, volamos a la ciudad de Hoi An que se encuentra en el centro de Vietnam, con un sabor antiguo y tradicional, con muchas influencias Chinas, Japonesas y Francesas y que también tiene el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad y esta bañada por el rio Thu Bon.

Allí pasamos unos días regados por la intensa lluvia, que nos hizo anular algún paseo en barco, pero tantos los paseos diurnos como nocturnos fueron inolvidables. Realmente era una ciudad mágica con sabor ancestral.

De allí partimos en coche hacia Hue atravesando la ciudad central de Danang, una ciudad cada día más turística. En el camino recorrimos las llamadas “montañas de mármol”. Se trata de 5 montañas que se extienden cerca de la costa de Danang, en el centro de Vietnam. Popular lugar de retiro espiritual y peregrinaje que está compuesto por varias pagodas budistas, restos de la civilización Champa y diversas cuevas naturales formadas por la erosión, el agua y el paso del tiempo.

Llegamos a Hue, una ciudad situada en el centro del país. Fue la capital hasta 1945. Es muy conocida por su patrimonio arquitectónico, cuyos monumentos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993. Es un lugar lleno de vida, recorrido por el río Perfume, con una parte que se asemeja a la ciudad prohibida de Pekin, en bastante peor estado de conservación.

Después de alojarnos en esta ciudad y recorrer sus calles, tomamos un avión con destino a Hanoi, la actual capital de Vietnam.

Una vez allí el primer paso era tomar un vehículo para ir a la famosa “Bahía de Halong”. Uno de esos lugares que tienes deseos de conocer y que no defraudan. Se encuentra en la costa norte de Vietnam, en el Golfo de Tonkín. Está compuesto por unas dos mil pequeñas islas situadas en el mar de China.

Existen un montón de leyendas sobre como se formó un lugar tan espectacular. Algunos creen que fue creado por un dragón que trataba de proteger la costa de Vietnam de los invasores.

Parece ser que “Bahía de Halong” significa “Bahía del Dragón”. Lo cierto es que la belleza de este lugar te deja sin palabras. No es extraño que haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO e igualmente esté incluida en la lista de las siete maravillas naturales del Mundo.

Una vez allí, embarcamos en esos mini cruceritos que recorren la “Bahía” en el que pasaríamos una noche mágica contemplando este singular lugar y por la mañana subimos a una de las cuevas más altas que se encuentra en el interior de una de las islas. Por cierto son ya demasiados los barcos que recorren la bahía. Está claro que el turismo masifica casi todo.

De vuelta en Hanoi, recorrimos esta urbe caótica, donde las haya. Uno se sigue preguntando si en unos años la gente será capaz de sobrevivir en este tipo de ciudades irrespirables que contaminan el planeta irremediablemente de una forma brutal.

Suerte que nuestro hotel se encontraba muy céntrico y junto al lago, y aunque nos desplazamos a conocer pagodas, mercados y otros lugares a las afueras de la ciudad; por la noche salíamos del hotel y como era fin de semana y el tráfico estaba prohibido en la zona centro, pudimos disfrutar de un espectáculo único.

Este espectáculo, no era, ni más ni menos, que la gente en la calle haciendo aquello que le apetecía, yoga, cantar, bailar, jugar con sus hijos, pintando juegos de mesa en el suelo y usando como fichas piedrecitas.
Los jóvenes ponían música en cualquier casette y bailaban todos juntos, a modo de discoteca al aire libre.

Todo esto era verdaderamente hermoso de contemplar. Te dabas cuenta de que esa gente que lo único que hace todo el día es trabajar como las hormigas, de repente, se transformaba y era capaz de disfrutar con las cosas más sencillas imaginables. Toda una lección.

Al día siguiente hicimos una excursión a la zona de templos de Hoa Lu, a unos 90 de la capital y a pocos kms de Ninh Binh, donde aún hay dos templos de la época en que Hoa Lu era la capital imperial de Vietnam en el siglo X.

Después de patear un poco Hanói, tomamos el tren de vía estrecha que nos llevaría a las montañas de Sapa. Toda una noche interminable en litera de un tren para recorrer unos 240 kms. La espalda quedo un poco cuadriculada pero valía la pena contemplar aquel paisaje rural con sus campos de arroz escalonados y sus casa humildes y sencillas.

Sapa un pueblo de montaña, pintoresco, donde el tiempo parece detenido y donde en algunas de sus tiendas se podía contemplar una pancarta en la que se podía leer "Yo soi Zara" "Yo soy Mango" etc. Todo eso para que nos hagamos una ligera idea de quienes elaboran todos esos trapos que consumimos masivamente en nuestros países. Esos que llamamos desarrollados y que se desarrollan a costa de otros que no lo son tanto.

Tras dos días recorriendo la zona pusimos rumbo a Lao Cai, la capital de esa zona, para volver de nuevo a Hanoi. En esta ciudad que hace frontera con China pudimos observar el puente que une los dos países, así como a los vietnamitas que lo atraviesan en busca de material barato para confeccionar los encargos que los chinos les hacen y que confeccionan ellos, a pesar de llevar el "made in china".

Volvimos a Hanoi, donde paseamos todo el día hasta que llegara nuestro vuelo nocturno de regreso a España y aun nos dio tiempo de asistir al teatro de marionetas, muy popular en este país. También de ver alguna otra pagoda con graduación incluída, así como la casa de Ho Chi Minh.

Llegó el final de nuestro viaje y nuestras retinas se llenaron de impactos visuales que recordaremos toda la vida.

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Sobre MCarmen Sastre
Chavetas Senior, soñadora y viajera desde que un viejo coche, un hornillo y unas latas permitían viajar por Europa. Orgullosa de heredar ese gen de la "abuela Chavetas" por mis venas. ¿Quién sabe? Lo mismo un día conozco esas "Celipinas" que tanto decía...
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