Hay destinos que se entienden mejor desde la ventanilla de un coche. La Península Ibérica es uno de ellos. En poco más de 580.000 kilómetros cuadrados conviven paisajes completamente distintos entre sí. Todo eso, conectado por una red de carreteras que, en general, está en muy buen estado y permite pasar, en pocas horas, de un clima a otro, de una cultura a otra, de un plato a otro.
- Todo empieza en Barcelona
- Hacia el sur: el Mediterráneo como hilo conductor
- Andalucía: la región que más da de sí en carretera
- Portugal: cruzar la frontera es parte del viaje
- Una península, infinitas rutas
Todo empieza en Barcelona
Barcelona es, para muchos viajeros que llegan desde el norte de Europa o de otros continentes, el primer punto de contacto con España. Y tiene todo el sentido utilizarla como punto de partida de una ruta peninsular. Su posición geográfica es estratégica: está en el extremo noreste de la Península, cerca de la frontera francesa, y desde allí se puede arrancar hacia el sur por la costa mediterránea o adentrarse hacia el interior por Aragón.
La ciudad en sí misma merece tiempo. El Barrio Gótico, el Mercado de la Boquería, el Passeig de Gràcia con la arquitectura modernista de Gaudí, el barrio del Born, la Barceloneta.
Una de las razones por las que Barcelona funciona tan bien como punto de partida es su infraestructura de movilidad. El aeropuerto del Prat está bien conectado con el centro y la oferta de servicios para el viajero que llega con la intención de recorrer España en coche es amplia. El alquiler de coches en Barcelona está disponible en distintos puntos de la ciudad, con opciones para todos los presupuestos y tipos de vehículo. Esto da una flexibilidad que el tren o el autobús no puede ofrecer: sales cuando quieres, paras donde quieres y llegas a sitios que no figuran en ningún itinerario prefabricado.
Desde Barcelona, la primera etapa natural es bajar por la costa hasta Valencia, pasando por Tarragona y sus impresionantes ruinas romanas, o subir primero hasta la Costa Brava si se quiere empezar por algo más tranquilo y menos masificado.
Hacia el sur: el Mediterráneo como hilo conductor
La ruta costera hacia el sur es la más popular, y con razón. La N-340 y la autopista AP-7 recorren un litoral que cambia constantemente de carácter. La Costa Dorada, más familiar y tranquila, da paso a la Costa del Azahar valenciana, donde los campos de naranjos llegan casi hasta el mar.
Valencia merece una parada larga. Es una ciudad que no siempre recibe la atención que merece, opacada por Barcelona y Madrid, pero tiene un casco histórico extraordinario, una gastronomía que no necesita presentación y la Ciudad de las Artes y las Ciencias como colofón arquitectónico moderno.
Andalucía: la región que más da de sí en carretera
Pocas regiones de España ofrecen tanta variedad como Andalucía. Se puede pasar de la playa de Tarifa, con vistas al norte de África, a los pueblos blancos de la Sierra de Cádiz en menos de una hora.
Estas son las cosas que no te puedes perder en Andalucía si viajas en coche:
- Ronda: uno de los pueblos más impresionantes de España, asentado en un tajo de 100 metros de profundidad. Solo accesible de verdad en coche o en un autobús muy limitado.
- Las Alpujarras: pueblos medievales en la ladera sur de la Sierra Nevada. Sin coche, es casi imposible visitar bien.
- El Cabo de Gata: el litoral menos urbanizado del Mediterráneo español. Hay playas a las que se llega solo a pie o en coche por pistas de tierra.
Portugal: cruzar la frontera es parte del viaje
Una ruta por la Península Ibérica que no cruce Portugal está incompleta. El Algarve, en el sur de Portugal, alberga algunos de los acantilados más fotogénicos de Europa occidental. Praia da Marinha, Ponta da Piedade y la Ponta de Sagres, en el extremo suroeste. Son lugares que se alcanzan fácilmente en coche, pero que con cualquier otro medio de transporte suponen una logística complicada.
Lisboa merece varios días. La ciudad se extiende sobre siete colinas y tiene un carácter que ninguna otra capital europea iguala. Sintra, a media hora en coche, es uno de los lugares más singulares de toda la Península: palacios de cuento en medio de un bosque húmedo, a pocos kilómetros del océano Atlántico.
Una península, infinitas rutas
No existe una única forma de recorrer España y Portugal en coche. Cada ruta es distinta según el tiempo disponible, los intereses y el punto de partida. Lo que sí es constante es que el coche da acceso a una versión de la Península que el turismo de paquete no puede ofrecer.
La Península Ibérica no se agota en un solo viaje. De hecho, quienes la recorren por primera vez en coche suelen volver. Y casi siempre por una ruta diferente.