Érase una vez (¿Así es como empiezan las grandes historias?) una máscara de Garuda que creo un artesano del pueblo de Gangtey hace muchos muchos años para el festival del monasterio Gangteng. Allí fue "bailada", un ritual para purificar el lugar y expulsar malos espíritus. ¿Queréis saber donde ha acabo? El séptimo día del viaje acaba de empezar y lo que viene es el día más contradictorio de todos. Bajamos de 3.300 a 1.500 metros, del frío de montaña al calor subtropical. Visitamos el templo más irreverente de Bután — donde un borracho es un santo y todo gira alrededor de falos — y 20 minutos después entramos en la fortaleza más solemne del país, donde un muerto gobernó durante medio siglo.
Y para cerrar, cenamos en el suelo con Leki y su marido, probando ara -la bebid nacional- por primera vez. ¿Preparados para Punakha? Porque esto no lo habéis leído en ningún blog, estoy seguro.
- Ruta del día: Gangtey - Chimi Lhakhang - Punakha
- Planificación y reservas con antelación
- La máscara de Garuda, "bailada" en el monasterio
- Los nómadas con los yaks y la suerte de llegar tarde
- Bajada a Punakha desde 3.300 a 1.500 metros en hora y media
- Drukpa Kunley y el templo Chimi Lhakhang, donde todo tiene forma de falo
- El paseo por los arrozales hasta la colina
- Dentro del templo: dados, conchas y un monje con un falo de 500 años
- Comida en Ku-Kham House: vestirse de gho y comer helechos
- Punakha Dzong, la fortaleza más bella que he visto en mi vida
- El puente bazam y la primera vista
- Lo que pasa dentro: tres patios, un árbol y un muerto de 400 años
- Leki Farm House y el privilegio de cenar con una familia butanesa
Ruta del día: Gangtey - Chimi Lhakhang - Punakha
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Templo de la fertilidad del "Divino Loco", famoso por sus falos pintados en las fachadas y su ambiente rural rodeado de arrozales.

La fortaleza más bella de Bután. Se erige majestuosa en la confluencia de los ríos Mo Chhu (madre) y Pho Chhu (padre).

Casa de campo tradicional que ofrece una inmersión auténtica en la vida rural butanesa, con techos de madera tallada y hospitalidad familiar.
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Solo se puede viajar a Bután obligatoriamente con agencia especializada que es la encargada de tramitar también el visado de acceso e incluir la tasa obligatoria diaria. Yo me he ido con la agencia Youlantours de Alberto, con quién estuve ya en Tíbet y que tiene los mejores proveedores de China, Tíbet e India.
Hoy no hay trekking ni madrugón. Es un día de carretera, cultura y contrastes. El itinerario diseñado nos mezcla bajada panorámica + templo de la fertilidad + fortaleza + noche en granja local. La ruta del día ha sido similar a ésta...
➡️ Si todavía no habéis leído el Día 6 (el trekking 360 por el valle de Phobjika y la primera vez que vi esta máscara de la que os voy a hablar), ya sabéis lo que tenéis que hacer primero.
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Bután y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Bután por libre. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE se puede acceder contratando un tour con una agencia especializada. Nosotros hemos viajado con Youlan Tours con quién viajamos también a Tíbet, que además te permite diseñar un viaje a medida con experiencias únicas diferentes a las rutas tradicionales.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje y además aquí te recomiendo uno completo como el IATI Anulación Premium ya que se llega a alturas de 4.000 metros. También podría valerte la opción MOCHILERO.
La máscara de Garuda, "bailada" en el monasterio
Llevo seis días en Bután y la idea de hacerme con una máscara de Garuda no me la he sacado de la cabeza. Desde que ayer vi esta en una tienda de Gangtey, polícroma, con nagas enroscadas, antigua; no he parado de pensar en ella, así que le pedí a Pema volver antes de seguir el viaje. Y aquí la tengo, ya en mi poder. ¿Por qué?
Ayer no me acabé de decidir. Tenía la historia incompleta. Hoy el marido de la mujer que conocí ayer me la ha dejado preparada. Él ya sabía que me la llevaría cuando supiera su historia. Resulta que está hecha por un artesano local para el tshechu del monasterio. Allí fue "bailada", purificando y dando protección, además de poseyendo a la persona que la llevó. Y se convirtió en reliquia del templo. Pero con el tiempo, este hombre logró llevársela a su tienda, siendo uno más de su colección personal.
Lleva ahí mucho tiempo hasta hoy que es mía (💵 10.000 nu). O más bien del museo que le estoy haciendo a la pequeña Oli. Me emociono solo de pensarlo. Hay souvenirs y hay esto: un objeto con vida propia que ha pasado por un monasterio, un festival, una familia y ahora cruza medio mundo hasta mi salón desde una tienda llamada Pelba Tshongkhang del pueblo de Gangte y, junto al monasterio (Gangteng Gompa, distrito de Wangdue Phodrang). No una tienda de souvenirs al uso, la casa de una señora con pañuelo rojo que vende cordyceps, thangkas y alguna pieza que no encontrarás en ningún otro sitio.
¿Quién es Garuda? El rey de los pájaros en la mitología budista, medio humano, medio águila, enemigo eterno de las nagas (las serpientes). Esta en concreto las lleva enroscadas. Los colores son vivos — rojo, verde, dorado — y los ojos tienen esa expresión iracunda que verás en cualquier tshechu butanés.
Las máscaras de tshechu auténticas no están en las tiendas turísticas de Paro o Thimphu. Están en los pueblos donde se fabrican para los festivales. Pedid a vuestro guía que os lleve a una tienda local. Y preguntad siempre por la procedencia — la historia es lo que vale.
Los nómadas con los yaks y la suerte de llegar tarde
Salimos de Gangtey y empezamos la bajada. Y a los pocos minutos, Pema2 frena en seco. Un rebaño de yaks ocupa toda la carretera de tierra. Detrás, un nómada con gorro rojo y bastón los guía ladera arriba.
Generalmente el itinerario dice que los nómadas con los yaks se ven en el trekking de Phobjika (el de ayer). Pero como la temporada de frío va retrasada este año, los nómadas aún están abajo, subiendo desde los valles.
Es pura suerte. Pema2 aparca el coche a un lado, esperamos, y los yaks pasan tan cerca que podría tocarlos. Son enormes, negros, con cuernos que imponen respeto.
Bajada a Punakha desde 3.300 a 1.500 metros en hora y media
La bajada es rápida y el cambio brutal. Arriba, frío de montaña y bosque de coníferas. Abajo, calor subtropical, arrozales verdes y ríos anchos. La carretera es un laberinto de curvas entre montañas — para los que os mareéis fácil, ya os avisé en el Día 6: llevar algo preparado.
De todos modos el camino merece la pena, con algunos miradores que quitan el hipo
A las 10:45 ya estamos en el área de Punakha. Lo primero que vemos es la silueta del Wangdue Phodrang Dzong en lo alto de una colina, con un puente decorado cruzando el río.
Fue la antigua capital antes de Punakha. Y en 2012, un incendio lo destruyó casi por completo — la reconstrucción sigue en marcha.
¿Merece parar en Wangdue Phodrang? Sí, pero solo para la foto exterior y el puente. El interior del Dzong sigue en obras y no se puede visitar (marzo 2026). No os bajéis del coche si vais justos de tiempo — las fotos desde la carretera ya son espectaculares.
Drukpa Kunley y el templo Chimi Lhakhang, donde todo tiene forma de falo
¿Conocéis otro país del mundo donde haya falos gigantes pintados en las casas, tallados en madera en las tiendas y vendidos como souvenir junto a las postales? Bienvenidos a la zona de Punakha. Y no, no es una broma. Tiene una explicación que os va a estallar la cabeza.
El paseo por los arrozales hasta la colina
El coche nos deja en el pueblo de Sopsokha (también llamado Lobesa) y desde ahí arranca un paseo de unos 20 minutos por arrozales, senderos de hormigón y un pueblecito que es un festival de falos en sí mismo.
La primera tienda que veo se llama literalmente "Phallus Handicraft". En la entrada, un cartel de "Good Luck Stone for Sale". En la de al lado, un avión de Druk Air con forma de falo. No me invento nada.
Y en medio del pueblo, el cartel más surrealista del viaje: un "Tourist's Restroom" con un falo pintado a mano señalando la puerta. ¿Sabéis esa frase de "una imagen vale más que mil palabras"? Pues aquí valen más que mil artículos de blog.
Tiendas de thangkas pintados en directo ("Live Thangka Painting"), galerías de arte con falos artísticos junto a relieves del Tiger's Nest, puestos de cordyceps (el hongo parásito que aquí cuesta una fortuna) y la tienda de Tandins, en Chimipang, Barp: Punakha, con un falo tallado sobre la puerta como si fuera lo más normal del mundo.
También un camino entre arrozales precioso que nos acerca a la base del templo
El paseo desde Sopsokha hasta el templo dura unos 20 minutos por arrozales (fácil, sin desnivel fuerte). Dentro del templo no se pueden hacer fotos. El ritual de bendición es gratuito pero se espera una donación (nosotros dejamos 💵 donación incluida en los gastos). Calculad 1-1,5 horas contando paseo + visita + pueblo.
Pero vamos al fondo del asunto. Todo esto tiene un nombre: Drukpa Kunley (1455-1529). Un monje budista que un día decidió que la austeridad no iba con él. Dejó el monasterio, se dedicó a recorrer el Himalaya borracho, seduciendo mujeres y recitando poesía obscena. Le llamaban el "Loco Divino". Era Bukowski con túnica. Y hacía milagros.
Según la leyenda, una demonia llamada Loro Duem aterrorizaba a los viajeros en el paso de Dochula (sí, el mismo que cruzamos en el Día 6). ¿Cómo la derrotó Drukpa Kunley? ¿Con un mantra? No. ¿Con una espada? Tampoco. Con la parte de su cuerpo que menos esperaríais.
Y después exclamó "¡Chi med!" — "¡No hay perro!" (la demonia se había transformado en perro). En ese lugar se construyó el templo de Chimi Lhakhang.
Dentro del templo: dados, conchas y un monje con un falo de 500 años
El sendero sube por una colina entre escalones de piedra y banderas de oración hasta llegar al templo. Es modesto — un solo edificio blanco con tejado dorado — pero lo que pasa dentro no lo vais a encontrar en ninguna otra religión del planeta.
Entramos y hay una pareja haciendo el ritual de fertilidad. Ella deja leche como ofrenda. El monje les lee algo, les bendice con el lingam — un falo de madera y marfil de unos 500 años — dándoles un golpe suave en la cabeza. Luego ella se cuelga un falo gigante a la espalda. Y para terminar, el monje tira unos dados y unas conchas (dos o tres veces) para leer su futuro.
Lo que más me impacta no es el ritual en sí. Es que no hay casi nadie. Solo esa pareja y unos indios. Nada de colas, nada de turismo de masas. Estoy presenciando una tradición viva del siglo XV sin intermediarios.
Y esa es la clave: los falos pintados en todas las paredes de Bután no son humor ni provocación. Son una práctica religiosa viva vinculada a la protección contra espíritus malignos y la fertilidad. El falo se conoce como "El Rayo de Fuego de la Sabiduría".
De vuelta por el pueblo, me detengo en cada esquina (y en cada falo, jajaja)
Ya se que todo esto suena a película de Marvel, pero es budismo vajrayana del siglo XV. ¡Os lo prometo!
Comida en Ku-Kham House: vestirse de gho y comer helechos
Después de Chimi Lhakhang, Pema nos lleva al Ku-Kham House, un restaurante con terraza donde la comida se sirve en buffet y los butaneses de la zona vienen a comer vestidos de gho (como en todos los lados porque aquí es su traje diario y no un disfraz).
Es Buffet butanés: helechos salteados (fiddlehead ferns — los brotes rizados que saben a espinaca tierna), guiso de pollo con patata y chili, arroz, verduras de temporada.
El restaurante tiene vistas al valle y los locales con gho comiendo a tu lado. Nada de menú turístico. Por cierto, los helechos son una sorpresa. Si no os han dicho nunca que los brotes de helecho se comen, probadlos aquí. Saben a bosque.
Y aquí viene lo bueno: nos vestimos de gho (el traje masculino butanés — las mujeres llevan kira). No es un disfraz para turistas. Es la ropa que llevan cada día. Los butaneses van a trabajar así, comen así, viven así. Ponérselo es entender algo que no puedes entender de otra forma: la identidad es lo que llevas puesto cada mañana sin pensarlo.
Pema y yo posamos juntos, brazos cruzados..
... y por un segundo parece que somos del mismo sitio. Bueno, quizás no, jaja. ¿Me estoy viniendo arriba?
Punakha Dzong, la fortaleza más bella que he visto en mi vida
Veinte minutos después de comer helechos en una terraza rodeado de falos, estoy delante del edificio más solemne que he visto en todo el viaje. Así es Punakha. Un país donde un borracho es un santo y un muerto gobernó medio siglo. Y todo tiene sentido.
El puente bazam y la primera vista
El Punakha Dzong — o Pungthang Dewa Chhenbi Phodrang, "El Palacio de la Gran Felicidad" — aparece ante mí desde el otro lado del río. Muros blancos, tejados dorados, seis plantas de torre central y una vegetación primaveral que rodea todo como un jardín imposible.
Está en la confluencia del Pho Chhu (río macho) y el Mo Chhu (río hembra), a 1.200 metros de altitud. Lo construyó el Shabdrung Ngawang Namgyal en 1637 — el hombre que unificó Bután — y fue la capital del país hasta 1955. ¿Demasiados datos?
Para entrar hay que cruzar el bazam, un puente cubierto de madera sobre el Mo Chhu. El original era del siglo XVII, pero las inundaciones de 1957 se lo llevaron y el actual se reconstruyó en 2008.
Desde dentro del puente, la vista del Dzong enmarcada por la madera tallada es una de las mejores fotos del viaje.
Lo que pasa dentro: tres patios, un árbol y un muerto de 400 años
Antes de entrar, Pema me pone sobre el gho una tela blanca — el kabney — que solo se usa para acceder a las fortalezas. Es el protocolo. Sin kabney, no entras.
El Dzong tiene tres patios (lo habitual son dos — este es una excepción). El primero es administrativo, con un enorme árbol Bodhi centenario en el centro y una estupa blanca. El segundo es monástico. Y el tercero, el más sagrado, guarda los restos embalsamados del Shabdrung — sí, el cuerpo del fundador sigue aquí, en el Machey Lhakhang. Solo el rey y el Je Khenpo (líder religioso) acceden a él.
Y aquí viene la historia que más me impacta de todo el viaje. Cuando el Shabdrung murió en 1651, sus allegados ocultaron su muerte durante 54 años. Anunciaron que había entrado en un retiro silencioso.
Durante medio siglo, sirvieron comida a sus aposentos cada día, hicieron sonar instrumentos rituales desde su cámara y emitieron decretos en su nombre. Todo para evitar una guerra dinástica que habría destruido el estado que acababa de crear. No se reconoció su muerte oficialmente hasta 1705.
Fuera del Dzong hay un pequeño edificio llamado Dzong Chung — el "Dzong Pequeño" — que es anterior a la fortaleza: data de 1326 y albergaba una estatua de Buda que inspiró el sueño del arquitecto Zow Balep, quien diseñó el Dzong entero a partir de una visión nocturna. Yo he nacido para vivir aquí, no me hace falta el grande siquiera..
Sin planos. Sin clavos de metal. Construido en un año.
La escalera de madera empinada de la entrada es una pieza defensiva: en caso de ataque, se retiraba para dejar el Dzong inaccesible. Y la puerta de madera maciza sigue cerrándose cada noche, como en el siglo XVII.
Opinión de Isaac
Opinión propia | Esto no te lo cuenta una IA
He visto grandes castillos y fortalezas por el mundo. Pero esta es diferente. Y no es por la arquitectura, que es impresionante. Es por lo que no hay. No hay turismo. Apenas nadie. Solo unos indios (que no necesitan visado) y yo. Esa sensación de visitar un lugar así en silencio, sin colas, sin selfie sticks, sin audio-guías... Se vive poco ya. Es como viajar en otra época.
Me quedo un rato en el bazam mirando el Dzong. Pema no dice nada. No hace falta. Sabe perfectamente cuando se le pide espacio sin necesidad de decirlo.
Leki Farm House y el privilegio de cenar con una familia butanesa
A las 17:00 dejamos el Dzong. Pema2 nos lleva por una carretera de tierra entre terrazas de arroz hasta que aparece un cartel de madera desgastado: "LEKI FARM HOUSE".
El alojamiento es sencillo. Una habitación con cama, alfombras y toallas dobladas en forma de flor de loto. Sin lujos. Pero lo que Leki y su marido ofrecen no es un hotel — es su casa.
Leki tiene unos 50 años, es superamable y está curtida (¡vamos, que se coge mi maleta al hombro y no es que pese poco con tanto cable!). Vive aquí con su marido y su hija. Tenían un cerdito que murió de mayor. Ahora gallinas, vacas y otros animales. Todo lo que produce la granja (salvo el arroz) lo venden en el pueblo. Todo orgánico. Todo real.
Lo que marca la diferencia no es la habitación — es la cena, la conversación y la experiencia de dormir en una granja butanesa real, servida en cuencos de barro en el suelo, junto a la estufa
Arroz rojo, ema datshi (chili cheese), ezay (salsa picante de chili), pollo, col, judías verdes, pepino con zanahoria, ensalada y ara (vino de arroz local — parecido al arak jordano o al sake japonés). Todo orgánico, todo de la granja.
La cena es íntima. Leki y su marido comen con nosotros en el suelo. Hablamos de su vida, de lo que opinan de los cambios que se producen en Bután. Es una de esas conversaciones que no se preparan. El ara entra suave y el fuego de la estufa calienta una habitación que huele a madera y a comida de verdad.
Me acuesto pensando en los contrastes del día. Un borracho del siglo XV que derrotó demonios con su falo y es venerado como santo. Un fundador cuya muerte se ocultó durante 54 años para evitar una guerra. Una señora que me vende una máscara con proveniencia de monasterio en un pueblo de montaña. Y una familia que me abre su casa, me sienta en el suelo y me da de cenar lo que cultiva. ¿Conocéis otro país donde todo esto pase en un solo día?
Isaac, desde Punakha (Bután)
💵 GASTOS DEL DÍA: 900 nu (aprox 8,56 EUR) [y REGALOS: 10.000 nu (aprox 95,24 EUR)]