¿Os habéis fijado alguna vez en el momento exacto en que un viaje termina? No el despegue de vuelta. Ni siquiera el aterrizaje en casa. El momento real es antes, cuando cierras la maleta por última vez y te das cuenta de que estás a punto de llevarte algo que no sabías que venías a buscar. Y no solo hablo de multitud de recuerdos, de fotos de Bután que me traigo de los 12 días. En este caso van muchas más cosas en "esa mochila"...
Si estás pensando en venir y quieres ver qué te espera — o si ya has leído alguno de los diarios de la serie y quieres quedarte con el resumen visual — sigue leyendo. Este último día cubre tres cosas: una última fortaleza en el extremo del valle de Paro, el aeropuerto más bonito del mundo (y no exagero, ya veréis por qué), y el vuelo de vuelta a España, con un recap visual de 12 días en Bután.
- Ruta del día: Bután - Delhi - Mombai - Londres - España
- Planificación y reservas con antelación
- El último dzong: Drukgyel, la fortaleza que conmemora una victoria contra el Tíbet
- Aeropuerto de Paro: el más bonito del mundo (y no, no exagero)
- Un sello con mi cara volando hacia el Nido del Tigre
- Drukair KB202 Paro - Delhi: el vuelo que no va entre montañas
- Fotos de Bután: 12 días en instantáneas
- El aterrizaje imposible en Paro · Día 1-2
- Thimphu, la capital sin semáforos · Día 3
- Una noche con monjes en el monasterio de Dodeydrak · Día 4-5
- Las 108 estupas del paso de Dochula · Día 6
- Trekking de Longtoe: yaks, grullas y una máscara de Garuda · Día 7
- Chimi Lhakhang y el Punakha Dzong · Día 8
- Las monjas adolescentes y el puente colgante de 190 metros · Día 9
- Paro antes del Nido del Tigre · Día 10
- El Nido del Tigre: 900 metros sobre el valle · Día 11
- 43 horas para volver a casa, el peaje real del Reino del Dragón
- Oli me esperaba despierta (el cierre que no esperaba)
Ruta del día: Bután - Delhi - Mombai - Londres - España
Planificación y reservas con antelación
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🏨 RESERVAS ONLINE
Solo se puede viajar a Bután obligatoriamente con agencia especializada que es la encargada de tramitar también el visado de acceso e incluir la tasa obligatoria diaria. Yo me he ido con la agencia Youlantours de Alberto, con quién estuve ya en Tíbet y que tiene los mejores proveedores de China, Tíbet e India.
La ruta del día ha sido similar a ésta...
A las 13:45 aterrizaré en Delhi. Y a partir de ahí empiezan 43 horas de regreso hasta A Coruña, cuatro vuelos y dos continentes.
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Bután y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Bután por libre. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE se puede acceder contratando un tour con una agencia especializada. Nosotros hemos viajado con Youlan Tours con quién viajamos también a Tíbet, que además te permite diseñar un viaje a medida con experiencias únicas diferentes a las rutas tradicionales.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje y además aquí te recomiendo uno completo como el IATI Anulación Premium ya que se llega a alturas de 4.000 metros. También podría valerte la opción MOCHILERO.
El último dzong: Drukgyel, la fortaleza que conmemora una victoria contra el Tíbet
Son las nueve de la mañana del 24 de marzo en el Bhutan Mandala Resort de Paro. La máscara de Garuda está envuelta en calcetines, metida entre el plumífero y todo lo que he encontrado para protegerla. Pema y Pema2 me esperan abajo. Salimos del hotel y lo primero que hacemos no es ir al aeropuerto.
Pema da la vuelta al valle de Paro y sube en dirección contraria, hacia el norte, hasta el final de la carretera asfaltada. A unos 14 kilómetros de la ciudad, en la cabecera del valle, aparece entre las nubes el Drukgyel Dzong.
Drukgyel Dzong significa literalmente "Fortaleza de la Victoria". Lo construyó en 1649 Tenzin Drukdra por orden del Shabdrung Ngawang Namgyal, el unificador de Bután, ese lama cuya muerte ocultaron durante 54 años y del que ya os he hablado en el artículo del Punakha Dzong, para conmemorar la victoria butanesa de 1644 contra los invasores tibetanos y mongoles.
Un poco de historia sobre Drukgyel Dzong
"Druk" es Bután. El dragón. La dinastía. "Gyel" es victoria. Los butaneses no eligieron cualquier nombre para su fortaleza de frontera: la pusieron aquí, a pocos kilómetros del paso hacia el Tíbet, como quien planta una bandera con nombre propio. Y lo hicieron tan bien que a este dzong le tocó un honor que ningún otro tiene: fue concebido solo como fortificación militar. Nada de centro administrativo, nada de monasterio. Solo defensa. Y una trampa brutal — un falso acceso que atraía a los invasores a un patio cerrado donde recibían un segundo ataque.
La historia se complica en 1951. Una lámpara de mantequilla mal apagada provoca un incendio que destruye el dzong por completo. La estructura de madera arde, las vigas caen, el fuego consume cuatro siglos de símbolo. Durante más de sesenta años, Drukgyel Dzong queda en ruinas. Y ahí se quedaría probablemente si no fuera porque en 2016 el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck ordena su reconstrucción para celebrar el nacimiento de su hijo, el príncipe Jigme Namgyel Wangchuck. Y también, de paso, el 400 aniversario de la llegada del Shabdrung a Bután y el año de nacimiento de Guru Rinpoche. Son tres aniversarios en uno. Los butaneses hacen las cosas así.
Lo que se ve hoy es el resultado de esas obras, un dzong reconstruido con las mismas técnicas del XVII, sin clavos de metal, con vigas de madera entrelazada capaces de absorber los terremotos de la región. Lo ves desde la ladera contraria, blanco contra el gris oscuro de las nubes, y entiendes por qué los butaneses querían verlo otra vez en pie.
💡 CONSEJO En días despejados, desde Drukgyel se ve al fondo el Monte Jomolhari (7.314 m) — una de las montañas sagradas de Bután, que nadie ha escalado porque las cumbres son consideradas moradas de los dioses. A mí no me tocó suerte: el día estaba nublado y el Jomolhari no asomó. Si venís en otoño (octubre-noviembre) o a finales de invierno con cielo limpio, tenéis más posibilidades. En marzo, llueve y se nubla pronto.
Aeropuerto de Paro: el más bonito del mundo (y no, no exagero)
A las diez de la mañana estamos entrando al aeropuerto de Paro. Y aquí tengo que pararme un momento. He aterrizado y despegado en 80 aeropuertos, algunos buenísimos (el Changi de Singapur, el Hamad de Doha, el Kansai de Osaka).
Nos despedimos de Pema y Pema2 antes del control. Propina aparte — 200 USD repartidos (130 para Pema, 70 para Pema2), que es lo que se estila en Bután para un viaje completo con guía y conductor. Pero lo que recuerdo no es eso. Lo que recuerdo es el abrazo final y que Pema, después de 10 días, había aprendido tres palabras en español: "sí, sí", "vamos, vamos", "hola". Y las decía con el acento más bueno que he escuchado en un butanés en mi vida. No sé si volveré a verlo. Espero que sí.
El aeropuerto de Paro no compite con ellos en tamaño ni en servicios. Compite en otra cosa: es el único aeropuerto internacional del mundo que por ley tiene que respetar la arquitectura tradicional del país donde está. Cada ventana, cada viga, cada mural interior es parte de un dzong levantado para que aterrices dentro de la cultura, no fuera.
El check-in de Drukair está casi vacío. Dos mostradores con tallas de madera policromadas, una silla azul en medio que parece robada de la oficina de un lama. Me piden la tarjeta de embarque, la visa de la India (la segunda vez esta semana), y un pre-QR que piden desde hace poco que he hecho sobre la marcha. Control ligero de bolsa de mano.
Todo listo en menos de 15 minutos (Ah, y consejo Chavetas: vuelve a pasar por el lado de la aduana "manual" para obtener el sello de salida)
Y entonces pasas al lado interior y esto ya no es un aeropuerto. En la sala de embarque hay obras de arte enormes — un mandala circular con el takin, el tigre, las flores azules de la amapola del Himalaya (la flor nacional) y dos cuervos negros (el ave nacional).
Hay dos cafeterías. Un Free Mobile Charging Station de Bhutan Telecom decorado como un templete. Y unas compuertas de embarque automáticas — con LED azules y todo — pegadas a unas columnas de madera tallada del siglo XVII. Es el choque entre el Bután moderno y el de siempre, y funciona.
Hay un detalle que nadie cuenta de este aeropuerto y que os va a gustar: la zona de postales con sellos personalizados. Está al fondo del pasillo de tiendas, con un enorme mural fotográfico del Tiger's Nest detrás y un buzón rojo con caracteres dorados. Os explico por qué es importante en el siguiente apartado — merece su propio espacio.
Un sello con mi cara volando hacia el Nido del Tigre
Esto es de lo más original que he vivido en más de 80 países. Llegas al stand de Bhutan Post / Paro Airport Branch y te atiende un hombre en gho tradicional. Funciona así: le envías a un correo que te da una foto tuya de Bután (puede ser del Tiger's Nest, de un dzong, de donde sea), o si no tienes te la hacen ahí mismo en una zona preparada, y te imprimen un pliego de 12 sellos oficiales de Nu. 30 cada uno con tu imagen integrada en una postal clásica butanesa.
Son sellos filatélicos reales, emitidos con todas las letras, no stickers decorativos. Los puedes usar para franquear cartas internacionales. Yo elegí una en la que salgo subiendo al Tiger's Nest. Mi cara, integrada en el acantilado del Taktsang, impresa 12 veces en un pliego. Papá viajero. El sello oficial del Reino del Dragón con mi cara dentro.
Compré el pliego entero (💵 700 Nu) y usé uno solo: el que pegué en la postal para Oli. Porque venía con historia doble.
La postal que elegí tiene en la parte frontal un panda rojo (Ailurus fulgens), el animal del Himalaya oriental que más le había impactado a Oli de las fotos que le enseñé de Gangtey, cuando le conté que se parecía a un cruce entre un zorro y un mapache con cara de peluche. Y en lugar de escribirle la postal con mi nombre, decidí que la postal hablara por sí misma, en primera persona.
Cafecito para escribir la postal y listo. Que Oli recibiese una carta escrita por el propio panda rojo, diciéndole que llevaba un sello con la foto de su padre volando al Nido del Tigre. No se me ocurre mejor manera de cerrar un viaje.
💡 CONSEJO PRÁCTICO: Déjate alguno de efectivo para el aeropuerto ya que cafetería y varios locales en el interior no aceptan tarjeta (lo tienen escrito con subrayado, "NO CREDIT CARD PLEASE"). Aceptan 10 divisas: USD, EUR, GBP, francos suizos (via pound), AUD, SGD, CAD, INR, HKD y JPY. El cajero T-Bank del interior sí funciona con Revolut si necesitas sacar ngultrum de última hora.
Drukair KB202 Paro - Delhi: el vuelo que no va entre montañas
A las 11:55 despega mi vuelo Drukair KB202 hacia Delhi. A320 con matrícula A5-JSW. Zona C, ventanilla. Embarque andando por la pista, una de esas experiencias que ya casi no existen en Europa.
Ahora prestad atención a un detalle que muchos olvidan y que marca la diferencia entre la ida y la vuelta a Bután. Si leísteis el artículo del aterrizaje en Paro, recordaréis que a la ida YoulanTours me reservó el asiento 18A — ventanilla izquierda — porque es el lado desde el que se ven las cumbres nevadas del Himalaya durante la aproximación. Los picos a 8.000 metros, el Everest a lo lejos, el Kangchenjunga, el Jomolhari. Ahora toca a la derecha, que también lo he conseguido gracias a Youlantours, pero el despegue va por otro corredor, en dirección suroeste, y el avión no pasa entre las cumbres. Lo que sí se ve son los valles de Paro y Haa en picado mientras el avión gana altura. No es lo mismo pero es precioso a su manera.
Durante los primeros 15 minutos puedes identificar la carretera por la que subiste al Tiger's Nest, el valle de Paro entero, las casas en terrazas. Luego el avión gana altitud, las montañas se quedan abajo, y llega el mar de nubes sobre el Himalaya. Ala de Drukair con el dragón del escudo nacional. Azul cobalto arriba, algodón abajo. Una hora y media así.
Aterrizamos en Delhi a las 13:45. 2 horas y 20 minutos de vuelo según billete (el diario me puso 2h30, pero confío más en Drukair). Y con eso — con ese aterrizaje en la Terminal 3 del Indira Gandhi — Bután queda oficialmente detrás. Pero las fotos, no.
Fotos de Bután: 12 días en instantáneas
Y aquí es donde os pido un segundo aliento. Porque si habéis llegado hasta este punto, probablemente estéis pensando "quiero ver las fotos del viaje entero". Pues aquí están, una por cada día, con el enlace al diario completo por si queréis profundizar. He elegido las fotos que me gustan a mí, no las que Google diría que debería elegir. Son mis micro-momentos que no vais a encontrar en ninguna otra parte. Las fotos de Bután que me traigo después de 12 días son, sobre todo, las que no esperaba hacer.
El aterrizaje imposible en Paro · Día 1-2
30 horas de viaje desde A Coruña hasta que Drukair aterriza en el aeropuerto más difícil del mundo donde solo un puñado de pilotos en el planeta están certificados para aterrizar aquí. Desde la ventanilla 18A se ven el Everest, el Lhotse y el Kangchenjunga en fila, recortados contra el cielo.
El aterrizaje dura exactamente dos minutos entre paredes de montaña, y cuando el tren toca pista tienes la sensación de haber pasado por una puerta que no todo el mundo puede cruzar.
➡️ Aterrizaje en Paro, el aeropuerto más peligroso del mundo
Thimphu, la capital sin semáforos · Día 3
La capital de Bután tiene poco más de 100.000 habitantes y, probablemente, el único policía de tráfico del mundo que dirige una ciudad entera con las manos desde una caseta pintada. En su momento Thimphu tuvo un semáforo, lo quitaron porque la gente lo consideró demasiado frío, demasiado automático.
Ese detalle concentra toda la filosofía de un país que mide la felicidad en vez del PIB: prefieren un señor con guantes blancos antes que una luz roja.
➡️ Thimphu, la insólita capital de Bután (sin semáforos)
Una noche con monjes en el monasterio de Dodeydrak · Día 4-5
El Dodeydrak es un monasterio pequeño, enclavado contra la roca a 3.009 metros de altura, al que se llega después de un trekking de 4 km con 370 metros de desnivel. Aquí dormí una noche con los monjes, cené con ellos, asistí a la oración nocturna con las trompetas dungchen sonando en la penumbra, y me desperté a las 5:15 con los cánticos.
Y al salir al atardecer, me cayó encima media hora de nieve. No se puede planificar. Solo se puede estar ahí.
➡️ Dormir en el monasterio de Dodeydrak en Bután y Mercados, artesanía y comida en Thimphu (los mejores momos)
Las 108 estupas del paso de Dochula · Día 6
A 3.150 metros de altitud, el paso de Dochula guarda 108 chortens blancos ordenados en niveles concéntricos. La reina madre los mandó construir en 2005 en memoria de los soldados butaneses caídos en la operación contra insurgentes en el sur del país.
Cuando llegas a Dochula a primera hora y las nubes entran al paso tapando y destapando las estupas, el número deja de ser una cifra y se convierte en una presencia. Este es de esos sitios en los que la cámara no sirve — pero lo intentas igual.
➡️ El valle de Gangtey, uno de los lugares más bonitos de Bután
Trekking de Longtoe: yaks, grullas y una máscara de Garuda · Día 7
9,5 kilómetros por la cresta de Longtoe, en el valle de Phobjika, hasta el paso de Kayche La a 3.637 metros. Yaks esperándome en la cima como comité de bienvenida. El centro de conservación de las grullas de cuello negro (Grus nigricollis), un ave migratoria que pasa el invierno aquí y que la tradición budista considera sagrada.
Y, bajando de la cresta, un pueblo — Gangtey — donde encontré la máscara de Garuda que luego me traería en la maleta a España. Esta foto es Pema bajando hacia el valle, con el monasterio al fondo. Resume el día entero.
➡️ Trekking Longtoe en Phobjika y los nómadas de las nubes
Chimi Lhakhang y el Punakha Dzong · Día 8
El día más contradictorio del viaje. Por la mañana, el Chimi Lhakhang, el templo del Loco Divino, Drukpa Kunley, un monje del siglo XV que renunció a la vida monacal convencional y recorrió el Himalaya bebiendo vino tibetano, seduciendo mujeres y sometiendo demonios con su falo. Por eso las casas alrededor tienen falos gigantes pintados en las fachadas.
Por la tarde, el Punakha Dzong, la fortaleza más bella que he visto en mi vida, construida en la confluencia de dos ríos. Y en medio, en una tienda perdida de Gangtey, esta señora me vendió una máscara de Garuda con las dos serpientes entre los dientes. Mi pieza favorita del viaje.
➡️ Punakha Dzong, un pueblo de falos y dormir en una granja)
Las monjas adolescentes y el puente colgante de 190 metros · Día 9
Llovía tanto que se suspendió el trekking previsto, y en su lugar Pema me llevó al Sangchhen Dorji Lhuendrup Lhakhang, un convento en la cima de una colina donde viven monjas adolescentes, muchas de ellas con menos de 14 años.
Dos de ellas, con inglés impecable, me habló durante media hora sobre el desapego, la cosmología budista y cómo se puede estar en paz con uno mismo sin depender de lo de fuera. Salí sin palabras. Y por la tarde, crucé el puente colgante más largo de Bután con 190 metros de construcción suiza, balanceándose sobre el río. Gran combinación.
➡️ Puente colgante de Punakha, monjas y un Dzong dorado
Paro antes del Nido del Tigre · Día 10
Un día de transición que acabó pesando más de lo que esperaba. Volvíamos a Paro después de 7 días fuera, y Pema se tomó las horas previas al Tiger's Nest como si fueran de descanso forzoso. Aprendí a disparar con arco tradicional, el deporte nacional butanés y visitamos un centro de tejidos donde cada kira tarda meses en terminarse.
Y hubo un momento raro: desde un mirador sobre Paro, miré el aeropuerto por el que había aterrizado 10 días antes y sentí que ya no era el mismo pasajero. Esa foto, la mía señalando el aeropuerto con el Himalaya detrás, es mi cierre del viaje antes del clímax.
➡️ Qué ver en Paro en 1 día: centro de tejidos, arco y tiendas
El Nido del Tigre: 900 metros sobre el valle · Día 11
El clímax del viaje. 7 horas de subida y bajada hasta el Paro Taktsang, el monasterio pegado al acantilado vertical donde según la leyenda Guru Rinpoche llegó volando sobre una tigresa en llamas en el siglo VIII y meditó durante tres años, tres meses, tres semanas y tres días. El monasterio ardió entero en 1998 pero la estatua principal sobrevivió intacta.
Lo que se ve hoy, reconstruido personalmente por el cuarto rey, sigue siendo el icono absoluto de Bután. Ah, subimos al mirador "secreto" que solo el 5% de los visitantes conoce.
➡️ Nido del Tigre al amanecer (y el mirador secreto)
43 horas para volver a casa, el peaje real del Reino del Dragón
Cuando los números del regreso salen a cuenta, la gente se sorprende. Ida a Bután desde España: unas 30 horas con una buena conexión. Vuelta: 43 horas, puerta a puerta. ¿Por qué? Porque las conexiones disponibles (con esto de la guerra) son peores en sentido inverso, los vuelos butaneses con Delhi no se acoplan bien con los transatlánticos, y la cadena de escalas por Delhi, Bombay, Londres, Madrid, A Coruña come todo el margen.
Os lo cuento porque forma parte de la realidad del viaje a Bután y nadie lo advierte. Si venís planificando, contad un día entero perdido solo para volver, y dadle al cuerpo el día siguiente para aterrizar emocionalmente. La escala en Delhi fue la más larga. Aterrizamos de Drukair a las 13:45 y el vuelo a Bombay no salía hasta varias horas después. Eso sí, me temía problemas con British porque el vuelo iba operado por Mumbai con Air India y sin embargo me permitieron facturar la maleta (hay un mostrador especial para ello) directa a Madrid vía Mombai y Londres.
Cogí una mesa en el food court, saqué el portátil, y aproveché para escribir estos mismos diarios que es la mejor forma que he encontrado de no dejar que el viaje se evapore. El cuerpo cansado, pero la cabeza aún en Paro.
El vuelo siguiente Delhi → Bombay salió en horario. Y ahí empezó la parte fea. La escala de Bombay fue una paliza: tuve que salir del aeropuerto, rodearlo por fuera, volver a entrar por otra terminal, pasar control de seguridad completo otra vez, y luego esperar la conexión.
Luego, vuelo nocturno British Airways desde Bombay a Londres Heathrow. Ocho horas. Dormí a rachas. En Londres, con escala larga por delante, tiré de la sala VIP con tarjeta Revolut, la del programa DragonPass que te deja entrada en cientos de lounges del mundo. Mi opinión honesta: la VIP de Heathrow aquel día estaba cutre y llena de gente. Nada del lujo que anuncian. Pero entre eso y pasar tres horas sentado en una puerta de embarque, me quedo con la VIP cada día.
El último vuelo, Madrid-A Coruña con Iberia (IB1117), sale a las 19:40 y aterriza a las 21:00. La misma compañía que me sacó de A Coruña 12 días antes. Ciclo cerrado. Cuando bajo del avión en Alvedro, son las 21 pasadas. Pillo un taxi a casa. En el camino, caigo en que no he hablado con nadie en español desde que me despedí de Pema en Paro.
💡 CONSEJO SOBRE EL REGRESO Si tu escala en Londres supera las 4 horas → la VIP con Revolut/DragonPass vale, aunque sea cutre. Mejor que pelear por un enchufe en la terminal. Si tu escala en Bombay es menor de 3 horas → reza. Salir del aeropuerto y volver a entrar es bestial, los controles tardan, y si pillas hora punta te la juegas. Si tu escala en Delhi es larga → instalate en el food court con el portátil o aprovecha para ducharte en la sala de tránsito. Es el aeropuerto más civilizado del regreso.
Oli me esperaba despierta (el cierre que no esperaba)
Abro la puerta de casa con cuidado, esperando encontrarme todo en silencio. Pasan las diez de la noche. La máscara de Garuda, protegida entre calcetines, pesa en la mochila como si llevara algo vivo dentro. Y entonces la veo. Oli está despierta. De pie en el pasillo, sonriendo, con los brazos cruzados detrás de la espalda porque tiene una sorpresa que lleva doce días preparando. En el suelo, una fila perfecta de Pinypons me reciben firmes como soldados con cartas, regalos, Nico (nuestro perrito) haciéndome fiestas después de ignorar a todo el mundo un rato para que me sintiera importante.
Y sentado contra el cojín de los corazones, esperándome, está Buzz Lightyear. El peluche que Oli me regaló hace años porque me asocia a "su papá espacial y aventurero". Oli lo dejó ahí a propósito — una señal silenciosa para decirme que ella había aguantado estos 12 días cuidando de los suyos.
La carta está encima del paquete. Escrita por detrás de la mía, con mi papel (le dejé una antes de irme, y ella me contestó en el reverso, como si fuéramos dos pasaportes cruzando fronteras distintas). Y este es mi mejor regalo de un viaje a Bután. Y SIEMPRE LO SERÁ. Bután queda oficialmente cerrado. La puerta del museo también. Es hora de abrir nuevas aventuras...
Isaac, desde A Coruña (España)
💵 GASTOS DEL DÍA: 200 USD (apróx 188,68 EUR) y 280 Nu (apróx 3,03 EUR) [y REGALOS: 700 Nu (apróx 7,57 EUR)]

