¡Nievaaaa! Llevo una hora sentado en el suelo escuchando una oración en dzongkha que no entiendo, rodeado de monjes que cantan con los ojos cerrados mientras dos trompetas enormes hacen vibrar las paredes. No he entendido una sola palabra. Y sin embargo, mi cabeza ha conseguido "callar" como hacía tiempo que no lo hacía. Ahora estoy fuera, a 3.100 metros, a punto de dormir en el monasterio de Dodeydrak en Bután, y la nieve cae sobre los templos como si alguien hubiera escrito esta escena en un guion.
Hace doce horas desayunaba tranquilamente en un hotel de Thimphu. El cuarto día en Bután acaba de empezar y lo que viene es un Buda gigante con 125.000 budas dentro, el animal más raro del mundo, una caminata de 3 horas montaña arriba y una noche durmiendo con monjes. ¿Qué puede salir mal?
- Ruta del día: Thimphu - Dodeydrak
- Planificación y reservas con antelación
- Buddha Point, con 125.000 budas y solo un gigante
- Reserva del Takin, el animal nacional de Bután (y el más extraño)
- Sangaygang, mirador de Thimphu donde ver toda una capital en un vistazo
- Comida en Heritage Home Babesa, el plato nacional servido como debe ser
- Trekking a Dodeydrak: 2 horas montaña arriba para apagar el ruido
- La pista de tierra y el inicio entre pinos azules
- El momento en que ves Dodeydrak por primera vez
- La llegada a Dodeydrak entre monjes, mulas y silencio a 3.100 metros
- La guesthouse de Dodeydrak: nuestro alojamiento con una almohada, dos mantas y una estufa
- La oración de las 17:45, una hora que vale todo el viaje
- Nieva sobre Dodeydrak, el guion que nadie escribió
- Cena con los monjes y conversación con un monje de alto rango
- La conversación con el monje
Ruta del día: Thimphu - Dodeydrak
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Una colosal estatua dorada de 51 metros que domina el valle y alberga en su interior 125.000 budas en miniatura.

El santuario dedicado al animal nacional, una extraña y legendaria criatura con apariencia de mezcla entre vaca y cabra.

El balcón natural cubierto de banderas de oración que ofrece la panorámica más icónica y fotogénica de la capital butanesa.

Un monasterio y escuela monástica "escondido" que requiere una caminata entre pinos para conectar con la vida espiritual más auténtica y menos turística.
🏨 RESERVAS ONLINE
Solo se puede viajar a Bután obligatoriamente con agencia especializada que es la encargada de tramitar también el visado de acceso e incluir la tasa obligatoria diaria. Yo me he ido con la agencia Youlantours de Alberto, con quién estuve ya en Tíbet y que tiene los mejores proveedores de China, Tíbet e India.
La ruta del día ha sido similar a ésta...
Hoy es el día que más "miedo" y más ganas me da del viaje. El trekking a Dodeydrak es esa experiencia única al alcance de pocos a la que he logrado acceder gracias a Youlan Tours que negoció directamente con los monjes para que pudiéramos dormir aquí. Esto no está en ningún catálogo. No existe como "excursión de un día". Esto es lo que pasa cuando tienes una agencia local que habla el mismo idioma que los que viven en la montaña (¡gracias Alberto!)
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Bután y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Bután por libre. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE se puede acceder contratando un tour con una agencia especializada. Nosotros hemos viajado con Youlan Tours con quién viajamos también a Tíbet, que además te permite diseñar un viaje a medida con experiencias únicas diferentes a las rutas tradicionales.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje y además aquí te recomiendo uno completo como el IATI Anulación Premium ya que se llega a alturas de 4.000 metros. También podría valerte la opción MOCHILERO.
Buddha Point, con 125.000 budas y solo un gigante
Buff, qué bien he dormido. Casi 12 horas, como hacía tiempo. Me encuentro bien y tengo que decir que lo necesitaba realmente, ayer visitando Thimphu estaba fundido.
Desayuno a las 8 — huevos fritos con tostada y café — y a las 9 Pema y Pema2 me recogen en el hotel.
La primera parada será el Buddha Point, oficialmente Buddha Dordenma. Es una estatua de Buda de 51,5 metros de bronce dorado en oro que domina todo el valle de Thimphu (el más grande de bronce del mundo). Pero lo que de verdad te vuela la cabeza es lo que hay dentro: 125.000 budas en miniatura. Thimphu tiene unos 100.000 habitantes. Hay más budas dentro de esta estatua que personas viviendo en la capital. Dejad que eso se asiente un momento.
La explanada es espectacular. Cuencos de ofrendas dorados alineados, estatuas flanqueando el templo, un mirador panorámico del valle entero.
Hay visitantes — sobre todo butaneses, algún grupo indio — pero no hay aglomeración. Nada que ver con el turismo de masas que te encuentras en cualquier templo del sudeste asiático.
Desde arriba la vista de Thimphu pone las cosas en perspectiva.
Una capital entera metida en un valle, rodeada de montañas por todas partes, sin un solo edificio que rompa la armonía.
Ni rascacielos, ni vallas publicitarias, ni cadenas de comida rápida (no han permitido ninguna — ni un McDonald's, ni un KFC, ni un Starbucks).
Reserva del Takin, el animal nacional de Bután (y el más extraño)
De ahí vamos a la reserva del Takin, el animal nacional de Bután. ¿Conocéis el takin? Imaginad una vaca y una cabra que alguien fusionó en un laboratorio genético. La leyenda dice que fue exactamente eso: Drukpa Kunley, el Loco Divino (ya hablaremos de él cuando lleguemos a Punakha y sus falos), pidió que le trajeran una cabra y una vaca para comer.
Se las comió enteras, pegó la cabeza de la cabra al cuerpo de la vaca, chasqueó los dedos y el bicho salió andando montaña arriba. Así nació el takin. País increíble.
La reserva es agradable, entre pinos altos, con pasarelas de madera y paneles informativos sobre cada especie. Además de takins hay ciervos sambar (el mayor ciervo de Bután, hasta 320 kg) ...
... y faisanes del Himalaya (Himalayan Monal) con ese plumaje iridiscente que parece pintado (pena que lo tengan aquí encerrado teniendo tanto espacio).
Y al final, el detalle que no esperaba: una terraza-cafetería entre los pinos con mesas de madera y sombrillas verdes.
Pido un cafecito vienés (bueno, lo de "vienés" es generoso, pero está caliente y dulce y se agradece a 2.300 metros) y me siento un rato a mirar los árboles.
Si vais con niños, la reserva del Takin es perfecta: recorrido corto, accesible, animales fáciles de ver y una cafetería al final para descansar. Si vais justos de tiempo → Buddha Point + Takin + cafecito se hacen en 2-2,5 horas sin prisas. Merece la pena.
Sangaygang, mirador de Thimphu donde ver toda una capital en un vistazo
De vuelta a la carretera, paramos en el mirador de la ciudad con banderas de oración al frente, Sangaygang. Thimphu entera se extiende abajo: tejados verdes, turquesa, terracota, con las montañas cerrando el valle por todos lados.
¿Sabéis esa sensación de estar mirando una ciudad que parece un pueblo? Pues multiplicadla por diez.
Dato que me cuenta Pema por el camino: Bután tiene ejército, pero está a cargo directo del rey. Los murales naranja que vimos ayer no son militares — son cuerpos de gestión de catástrofes. Y para la defensa, el aliado principal es India (nunca China). ¡Pedazo dos guías tengo!
En todo el país solo hay 3 embajadas: Bangladesh, India y Kuwait. Sin visa solo pueden entrar los ciudadanos de India, Maldivas y Bangladesh. El resto, por agencia obligatoria.
Comida en Heritage Home Babesa, el plato nacional servido como debe ser
A mediodía, Pema me lleva a Heritage Home Babesa, una casa tradicional butanesa reconvertida en restaurante. Aquí no hay carta. Te sientan, te sirven y comes lo que hay. Y lo que hay es el plato nacional.
Todo se sirve en cuencos de madera sobre un mantel butanés de rayas: patata con queso y chile (ema datshi, la versión con patata que llaman kewa datshi), sopa de calabaza, suja (el famoso té con mantequilla de yak — hay que probarlo al menos una vez), ternera con verdura y chile-cheese.
Es contundente, es picante y es exactamente lo que necesitas antes de subir una montaña. ¡Me ha encantado!
Trekking a Dodeydrak: 2 horas montaña arriba para apagar el ruido
La pista de tierra y el inicio entre pinos azules
A las 14:30 Pema2 mete el coche por una pista de tierra que sube entre bosque de pino azul — el más alto de las tres especies butanesas. Los otros dos son el pino de Bután (centro y este) y el chir pino (el más pequeño). Aquí, solo pino azul. La pista es una locura de curvas sin asfaltar. Llegamos al punto de inicio del trekking y a las 15:00 empezamos a caminar.
Pema sube con el gho tradicional (la túnica butanesa), medias negras, zapatillas de trekking y una mochila con mis cosas para la noche. Le hago foto a sus pies porque la imagen es surrealista: un guía que sube un trekking de montaña con un traje que parece de ceremonia. En Bután es lo normal.
A los 12 minutos miro el reloj: 60 kcal, 119 pulsaciones, 66 metros de desnivel. El oxígeno se nota. No en la cabeza — ya me he aclimatado — pero sí en las pulsaciones. Todo sube más rápido que a nivel del mar.
Distancia: ~4 km. Desnivel: 372 m (salida 2.688 m, pico 3.100 m, monasterio 3.009 m). Duración: ~2 horas subida. Nivel: medio. Temperatura arriba: ~14°C en marzo. Llevar agua, capa y frontal (si dormís allí, la bajada al día siguiente puede ser con poca luz).
El momento en que ves Dodeydrak por primera vez
Subimos entre pinos, rododendros que empiezan a florecer en rojo (marzo es el inicio de la temporada), senderos de tierra compacta y algún puente de madera.
Las vistas de Thimphu se van alejando abajo. Cada vez más verde, cada vez más silencio.
Y entonces — el momento. Salimos a un claro, Pema se para, señala al frente y ahí está. Dodeydrak.
Un conjunto de edificios blancos y ocres clavados en la ladera de la montaña, rodeados de bosque denso, con la niebla entrando y saliendo como si respirara.
¿Sabéis esas fotos de monasterios himalayos que parecen sacadas de una película? Pues es exactamente así.
Pero en persona le añadís el silencio, el frío en la cara y la certeza de que vais a dormir ahí arriba. Yo me quedo un rato parado, mirando. No saco el móvil durante unos segundos. Necesito ver esto sin pantalla.
EL MOMENTO DE VER EL MONASTERIO DESDE LA DISTANCIA ES LO MEJOR DEL DÍA. Y mira que el día tiene nivel.
La llegada a Dodeydrak entre monjes, mulas y silencio a 3.100 metros
El monasterio de Dodeydrak tiene unos 250 años de historia. Fue fundado en 1779 por el 13º Je Khenpo (el equivalente al abad supremo de Bután), aunque el lugar como sitio de retiro espiritual es mucho más antiguo. Hay pinturas en cuevas cercanas que datan de los siglos VII y VIII y primeros asentamientos del S.XII
Hoy alberga unos 180 monjes estudiantes que cursan un programa de 4 años en estudios superiores de budismo.
Lo primero que ves al llegar son los monjes. Túnicas granate, sandalias, estudiando en los bancos de piedra o caminando entre edificios. Los caballos que suben las provisiones desde abajo. Las estupas. Un grupo de langures grises del Himalaya trepando por las rocas junto a las estupas como si fuera lo más normal del mundo (y aquí lo es).
Nos invitan a té con galletas en el comedor de la casa principal.
El comedor es todo madera de pino, con cortinas tibetanas en las puertas, fotos del rey en las paredes y un silencio que no es incómodo sino natural.
Aquí nadie necesita llenar el aire.
La guesthouse de Dodeydrak: nuestro alojamiento con una almohada, dos mantas y una estufa
Esto es lo que Youlan Tours negoció con los monjes (vamos, lo único que hay para un turista). No es un hotel. No es un albergue. Es una habitación dentro del monasterio con dos camas bajas, mantas gruesas, una alfombra persa en el suelo y una estufa eléctrica cilíndrica que se convierte en tu mejor amiga cuando baja el sol.
No hay calefacción central. No hay wifi. No hay nada que se parezca a lo que dejé en Thimphu hace unas horas.
Así es el alojamiento en el monasterio: Habitación sencilla con 2 camas bajas, mantas gruesas, alfombra persa, estufa eléctrica. Baño privado. Sin calefacción central, sin wifi, sin cobertura. Lo justo. Lo necesario. Lo perfecto. No hay Booking ni Tripadvisor que valga aquí, necesitas agencia con acceso a los monjes.
La oración de las 17:45, una hora que vale todo el viaje
A las 17:45 Pema me acompaña al templo principal. Hace frío. Los monjes llegan de todos los caminos del monasterio, algunos corriendo, otros despacio. Se descalzan y entran. Yo me quedo en una esquina, sentado en el suelo, con las piernas cruzadas.
No puedo grabar. No puedo hacer fotos. Y es la mejor decisión que alguien ha tomado por mí. Lo que viene durante la siguiente hora es difícil de poner en palabras. Los monjes empiezan a orar en dzongkha, leyendo de libros escritos en tibetano, y generan un coro perfecto que llena todo el templo. Dos trompetas dungchen — esos instrumentos enormes de tres metros que suenan como si la montaña hablara — marcan el ritmo junto con los tambores. Cierro los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo, la cabeza se calla. No pienso en nada. No necesito nada. Simplemente estoy aquí. Una hora que pasa como cinco minutos.
Nieva sobre Dodeydrak, el guion que nadie escribió
Salgo del templo y la naturaleza me tiene un regalo. O no se ya que pensar porque dicen que la nieve (y esto me lo dijo una lectora) en el budismo significa pureza absoluta y ausencia de impurezas mentales, algo muy parecido a la sensación que tengo ahora mismo.
No es una nevada fuerte. No cala. Pero cae nieve sobre los templos, sobre las estupas, sobre las rocas, sobre las banderas de oración. El monasterio se ilumina con las luces de las ventanas y los focos exteriores, y la nieve cruza los haces de luz como si alguien hubiera contratado a un director de fotografía. Parece sacado de un guion. Pero no lo es. Esto es Dodeydrak a 3.100 metros un 16 de marzo.
Me quedo fuera un rato. No quiero entrar todavía.
La combinación de lo que acabo de vivir dentro del templo con lo que estoy viendo fuera es demasiado buena para meterme en una habitación.
Cena con los monjes y conversación con un monje de alto rango
La cena es en el comedor del edificio principal de recepción para huéspedes. Buffet sencillo: arroz, verduras, patata picante y huevo duro. Para beber, agua caliente. No hay cerveza, no hay refrescos, no hay opciones. Y está perfecto. Después de la oración y la nieve, lo último que necesitas es un menú degustación.
Cenamos con dos francesas — bueno, una vive en Suiza y la otra en Singapur, pero son amigas de toda la vida que han dejado a sus maridos con los niños pequeños en casa porque necesitaban esto. Escapar. Desconectar.
"Les enfants sont avec les papas, on a besoin de respirer" me dice una de ellas riendo. Les entiendo perfectamente.
La conversación con el monje
Después de cenar, un monje de alto rango se sienta con nosotros, algo que también consiguió Alberto y me hacía especial ilusión. Es mayor, con una presencia que impone sin hacer nada. Habla en butanés y Pema y la guía de las francesas van traduciendo.
Habla de compasión como una de las puertas principales del budismo. De cómo preparar la mente para la meditación. De cómo huir de la contaminación digital — y esto lo dice un hombre que vive a 3.000 metros sin wifi. Me entero de que los monjes pueden usar el móvil 1 de cada 2 días. No como castigo, sino como disciplina elegida. Las francesas preguntan por el ruido del mundo exterior, por el turismo masivo. El monje escucha, piensa, y responde algo que Pema traduce así: que el ruido no está fuera, está dentro. Que uno puede vivir en París y estar en silencio, y vivir en un monasterio y tener la cabeza llena de ruido.
Me meto en la cama entorno a las 22:00. La estufa zumba suavecito. Fuera sigue nevando. Dentro del monasterio no hay un solo sonido excepto el viento.
Hoy he visto un Buda de 51 metros con 125.000 budas dentro. He comido el plato nacional en cuencos de madera. He alcanzado un monasterio de 250 años donde no llega ni la cobertura ni el ruido. He asistido a una oración que no he entendido y que lo ha cambiado todo. Y al salir, nevaba. ¿Os cuento qué pasa mañana al amanecer? Creo que algo ya has visto al inicio de este artículo...
Isaac, desde el monasterio de Dodeydrak (Bután)
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