¿Os imagináis planificar un día de trekking en un país obsesionado con la naturaleza y que la lluvia os lo reviente de un plumazo? Pues ¡hay planes! Vaya si los hay. Lo que iba a ser un día perdido se acaba convirtiendo en uno de los días más importante de todo el viaje a Bután: una despedida efusiva con Leki, una conversación de media hora con dos monjas novicias de 14 años que me deja sin palabras, 190 metros sobre el puente colgante de Punakha, y una sorpresa final en forma de hotel que me regala la mejor vista del viaje.
Hoy es sábado, 21 de marzo. Habíamos reservado la mañana para un trekking por la zona de Punakha y la tarde para el Stupa Khamsum Yulley. Ninguna de las dos cosas va a pasar. Pero lo que ocurre en su lugar va a ser uno de esos días que justifica todo el dinero, todo el cansancio, todas las horas de vuelo que cuesta llegar a Bután. Vamos por partes.
- Ruta del día: Punakha - Sangchhen Dorji Lhuendrup
- Planificación y reservas con antelación
- Sangchhen Dorji Lhuendrup y 30 minutos con las monjas que me dejan sin palabras
- Café Garuda: silencio a orillas del Pho Chhu
- URD Restaurant, comida con vistas al Punakha Dzong
- Puente colgante de Punakha, el más largo de Bután
- La sorpresa: upgrade al Dharma Siddhi Homes
- El Punakha Dzong iluminándose al anochecer
- Cena en el Dharma Siddhi, la mejor del viaje a Bután
Ruta del día: Punakha - Sangchhen Dorji Lhuendrup
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Convento de monjas que ofrece una de las mejores vistas panorámicas de los valles de Punakha y Wangdue.

Puente colgante más largo de Bután que cruza el río Pho Chhu conectando la ciudad con las aldeas locales de forma vibrante y fotogénica.

Alojamiento rural de gestión familiar que destaca por su hospitalidad cercana, con vistas increibles
🏨 RESERVAS ONLINE
Solo se puede viajar a Bután obligatoriamente con agencia especializada que es la encargada de tramitar también el visado de acceso e incluir la tasa obligatoria diaria. Yo me he ido con la agencia Youlantours de Alberto, con quién estuve ya en Tíbet y que tiene los mejores proveedores de China, Tíbet e India.
La ruta del día ha sido similar a ésta...
➡️ Si todavía no habéis leído el día de ayer en Punakha, empezad por ahí. Porque este día arranca justo donde aquel acababa: en la mesa de Leki, con los platos de la cena todavía en la cabeza.
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Bután y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Bután por libre. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE se puede acceder contratando un tour con una agencia especializada. Nosotros hemos viajado con Youlan Tours con quién viajamos también a Tíbet, que además te permite diseñar un viaje a medida con experiencias únicas diferentes a las rutas tradicionales.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje y además aquí te recomiendo uno completo como el IATI Anulación Premium ya que se llega a alturas de 4.000 metros. También podría valerte la opción MOCHILERO.
Sangchhen Dorji Lhuendrup y 30 minutos con las monjas que me dejan sin palabras
Me despierto en la farmhouse de Leki, miro por la ventana y el cielo está descargando agua de verdad. No chispea. Llueve. Llueve de verdad. Bajo a la terraza (bueno, a lo que queda de terraza — está medio cubierta pero la lluvia entra lateral) y el desayuno ya está preparado: tortilla, miel casera, maracuyá fresco y arroz picante. Los perritos de Leki correteando por debajo de la mesa, indiferentes al agua.
Leki me sirve té de mantequilla y se sienta un rato. La conversación de ayer sigue en el aire — todo lo que nos contó sobre su familia, los animales, el ara casero. Ahora toca despedirse. Y lo hacemos como se despiden los viajes que han significado algo: con abrazos, con "volved cuando queráis", con la sensación de que no nos estamos separando de una dueña de alojamiento sino de alguien que nos ha abierto su casa.
💡 CONSEJO CHAVETAS — Las farmhouses en Bután no son hoteles. Son casas de familias que abren una habitación al viajero. Si os alojáis en una, id predispuestos a conversar en la cena, a preguntar por la vida diaria, a comer lo que cocinen en el momento. La diferencia entre un hotel y una farmhouse no es el precio — es el nivel de intimidad que estáis dispuestos a aceptar.
Pema1 tiene una idea. Como hoy es sábado, las monjas del convento Sangchhen Dorji Lhuendrup Lhakhang tienen día libre — no hay oración programada, no hay clases, el templo está tranquilo. Y él conoce a algunas. Propone ir. Y la lluvia, que iba a ser un problema, de pronto es una excusa perfecta.
El convento está en una cima con vistas enormes sobre el valle, y fue financiado por el suegro del cuarto rey de Bután como colegio budista para monjas. Es un sitio relativamente reciente, discreto, fuera del circuito turístico habitual. No hay autobuses. No hay souvenirs. Solo el edificio blanco con tejado dorado, los murales en la entrada, y silencio.
Pema1 entra primero y me deja esperando. Tarda un rato. Vuelve con dos monjas. Tendrán unas 14 años. Llevan tres años viviendo allí. Hablan un inglés buenísimo. Y nos sentamos los cuatro en un banco dentro del templo principal, rodeados de tambores, campanas y pinturas doradas.
La conversación dura 30-40 minutos. Nos hablan de lo que significa dedicar la vida al dharma a su edad. De cómo entienden el apego. De la relación entre cosmología budista y vida cotidiana. De por qué eligieron ellas el camino — no fueron sus padres, fue decisión propia. Y entonces una de ellas, casi de pasada, me suelta la frase que se me queda grabada para todo el viaje: "Estar bien con uno mismo. Poner el foco en las cosas positivas y alejar las negativas. Y todo eso, aportárselo a los demás"
Lo saben todos los libros de autoayuda. Lo repiten todos los podcasts. Pero escucharlo de una niña de 14 años que lleva tres viviendo en lo alto de una montaña, cocinando su propia comida, meditando antes del amanecer y compartiendo habitación con otras novicias, tiene un peso distinto. No es un consejo. Es una vida en marcha.
Opinión de Isaac
Opinión propia | Esto no te lo cuenta una IA
Os voy a contar algo que yo haría si viajáis a Bután después de leerme. Intentad de verdad acceder a una conversación con monjes y/o monjas en algún monasterio butanés y para ello os digo:
- Si queréis entrar a un monasterio sin más → basta con ir en horario de apertura (normalmente 9:00-17:00). Lo veis todo desde fuera y punto.
- Si queréis conversar con monjas o monjes → necesitáis dos cosas: que sea su día libre (sábado o domingo, según el monasterio) y que vuestro guía local tenga contacto directo. Sin eso es más complicado pero también se puede.
- Si queréis asistir a una oración → tiene que ser día de oración (no libre) y el horario es de madrugada (4:30-5:30 am en la mayoría) o atardecer como hicimos nosotros el DÍA 4 que ya está contado en "Dormir en el monasterio de Dodeydrak en Bután"
En mi caso, lo de hoy es pura suerte más un guía que sabe leer la situación. Si hubiera sido otro día de la semana o si Pema1 no las conociera, habría visto el edificio, las pinturas, y habría salido pensando "qué bonito". Y no hubiera pasado nada de lo que ha pasado.
Salgo del templo con la cabeza ocupada. Dejo una donación de 💵 3.000 nu en la caja del templo y bajo las escaleras en silencio. Pema1 me respeta el silencio. No hablamos.
Café Garuda: silencio a orillas del Pho Chhu
Bajamos de la cima y Pema1 propone tomar algo. Paramos en un café al lado del río. El cartel de la entrada pone, en enormes letras doradas: GARUDA. Y yo me río solo. Porque ayer compré en Gangtey una máscara de Garuda polícroma con naga, hecha por un artesano local para el tshechu del monasterio. Todavía está envuelta en papel en el maletero. Y ahora, justo hoy, acabamos parando a tomar café en un sitio llamado Garuda, sin haberlo pedido ni planificado. Pema1 lo sabe y se ríe también.
Pero lo interesante del Garuda Café no es la coincidencia simbólica. Es lo que hay detrás. Garuda no es un café privado al uso: es parte del Dessup Skilling Programme (DSP), una iniciativa real del rey de Bután para formar a jóvenes butaneses en hostelería. Los que sirven y cocinan en los cuatro locales de la cadena (Thimphu, Paro, Phuentsholing y Punakha) son "desuups" — voluntarios que han completado el curso de formación de DSP. Es decir, cada café con leche que te tomas en Garuda es, de alguna forma, un proyecto de estado.
Lo explico porque esto es muy Bután. En otros países montarías una cafetería para ganar dinero. Aquí la montan para formar a gente. Y funciona.
Me siento en la terraza de madera con vistas al río Pho Chhu. Café doble. Pema1 pide té (💵 483 nu). Y nos quedamos los dos en silencio, mirando el agua. La lluvia ha parado de momento y el río está verde claro, con piedras blancas, calmado. Yo sigo procesando lo de las monjas y él lo sabe. No hay necesidad de hablar.
URD Restaurant, comida con vistas al Punakha Dzong
El día sigue "rarete" cuanto menos. Pema2 sube el coche por un camino embarrado (literalmente embarrado — hay tramos donde las ruedas patinan) hasta un sitio llamado URD Restaurant. Es un restaurante con terraza al aire libre, mesas de madera plegables, cubierto con toldos (hoy necesarios), y una vista frontal al Punakha Dzong como no se puede pedir más.
La lluvia ha aflojado. No para. Pero nos sentamos bajo el toldo y empiezan a llegar los platos.
Fideos fritos con verduras (zanahoria, cebolla morada, cilantro), patatas especiadas con hierbas, coliflor con queso fundido (cauliflower datshi), carne en salsa oscura tipo wok, sopa de calabaza y arroz rojo butanés. Ah, y una cerveza (💵 200 nu)
Una comida sencilla, limpia, muy sabrosa. El plato fuerte es la coliflor con queso: han cogido la lógica del ema datshi (el plato nacional, chile con queso) y la han aplicado a la coliflor. Por cierto, una opinión personal sobre la comida en Bután. ¿Se come bien? Para mi, sí, sin duda... ¡huye de los buffets internacionales!
Funciona de miedo. (Para los que no queráis pasar directamente al ema datshi por su nivel picante, el cauliflower datshi es la mejor puerta de entrada a la cocina butanesa.)
Puente colgante de Punakha, el más largo de Bután
Después de comer, la lluvia vuelve a aflojar otra vez. Pema1 me mira y dice: "podemos ir al puente si quieres". ¡Vamos!
El puente colgante de Punakha es uno de los más largos de Bután — ronda los 190 metros. Lo atribuyen originalmente a Thangtong Gyalpo, el santo-arquitecto del siglo XV conocido como "el constructor de puentes de hierro" (tiene puentes suyos repartidos por todo el Himalaya). Pero el puente actual tiene historia más reciente: fue renovado en 2008 por una empresa suiza, que es lo que le da su aspecto actual con cables metálicos gruesos y rejilla de malla lateral.
Conecta la orilla del Dzong con los pueblos de Shengana, Samdingkha y Wangkha al otro lado del río Pho Chhu.
Antes de entrar, cartel en la entrada con las normas. Y aquí hay algo muy butanés que me hace gracia
Normas del puente colgante de Punakha
- Capacidad máxima 100 personas a la vez (hay dos señoras controlando el flujo)
- No correr, no saltar, no columpiar, no jugar
- No apoyarse en la barandilla
- No izar banderas de oración
- Prohibidas motos, bicicletas y maquinaria pesada
- Multa: 1.000 nu por incumplimiento
Es el país de la Felicidad Nacional Bruta y también el país donde te multan por columpiarte en un puente. Me encanta.
A ver, el puente se mueve. Se mueve mucho más de lo que esperaba. Y hace un frío impresionante — todavía llueve suavemente, hay viento lateral y la altura sobre el río acentúa todo.
Lo más bonito es el momento en que aparece un monje solo, con hábito rojo, cruzando en dirección contraria. Yo me aparto para que pase y él baja la cabeza educadamente.
Ah, por cierto, terminar de cruzar de ida y vuelta, hay una caseta de madera en el camino que vende de todo: helados, refrescos, chucherías. Quizás no es el día pero yo tenía "mono" de "helado" (💵 160 nu).
Me retiro del puente a las 16:00 congelado. Pema1 también. Subimos al coche y Pema2 arranca en dirección al hotel. Ahí es cuando empieza la sorpresa.
La sorpresa: upgrade al Dharma Siddhi Homes
Pema1 se gira desde el asiento del copiloto y dice, con una sonrisa: "Isaac, the agency upgraded your hotel". Yo no me he enterado de nada. Visto el día, la anulación del trekking y demás, Youlan Tours ha decidido "darme otra experiencia diferente" con un alojamiento imprevisto en el programa, Dharma Siddhi Homes, un boutique homestay en lo alto de una colina sobre Punakha, con vistas directas al Dzong. Lo digo rápido porque es importante: esto es lo que diferencia a una agencia receptiva local bien gestionada de una intermediaria.
El coche sube por un camino de tierra hasta el hotel. En cuanto entro por la puerta, lo entiendo.
Dharma Siddhi es un boutique de ocho habitaciones gestionado por una sola familia. El diseño arquitectónico lo hizo el padre de la dueña actual: quería, a punto de jubilarse, construir una casa con vistas al Punakha Dzong. La construyó durante la pandemia. Pero al terminar, él se fue a vivir a la capital. Y su hija, de 28 años, decidió convertir la casa en un negocio familiar que trata con todo el mimo del mundo
Hoy el personal son cuatro o cinco mujeres jóvenes, todas de la familia, todas veinteañeras.
Los muebles los hizo un tío de la dueña. La comida viene del huerto propio. Y las vistas — las vistas son de las que justifican un viaje.
La habitación tiene dos camas matrimonio, una alfombra butanesa tradicional, calefactor eléctrico (ojo que las noches son frías)...
... , baño de piedra con lavabo esférico, y un thangka enmarcado en la pared.
En el balcón hay una silla colgante de macramé con cojines naranjas donde me siento a leer un rato esperando que oscurezca.
El Punakha Dzong iluminándose al anochecer
La lluvia para sobre las 18:30. Las nubes bajas siguen pero ya sin descargar.
A lo lejos, el Punakha Dzong empieza a iluminarse. Primero aparecen las luces interiores, amarillas, tímidas.
Luego los focos exteriores que bañan la fachada blanca. Luego los detalles dorados del tejado. Y al cabo de 20 minutos, el Dzong entero está brillando en mitad del valle oscuro, envuelto en nubes bajas, como si alguien hubiera decidido que el final del día merecía esto.
Me quedo en el balcón sin hacer nada durante un buen rato. Hago fotos, sí, pero sobre todo miro. Porque una cosa es el Punakha Dzong de día y otra muy distinta es el Punakha Dzong iluminado a las 19:00 bajo las nubes. Son dos sitios diferentes. El mismo edificio. Dos experiencias completamente distintas.
Cena en el Dharma Siddhi, la mejor del viaje a Bután
A las 19:00 bajo a cenar. El comedor del Dharma Siddhi es pequeño, con las paredes pintadas en ocre cálido, un retrato del rey y la reina en la pared, y cuatro mesas de madera. Hay otros dos grupos pequeños cenando — uno europeo, otro asiático. Todos en voz baja.
Y empiezan a llegar los platos: Chow mein casero de verduras (fideos hechos allí mismo con zanahoria, col china, cebolla), arroz rojo cultivado en el huerto propio, cerdo seco crujiente con verduras (estilo torrezno oriental — impresionante)...
.. pepino amargo frito en rodajas, helechos silvestres con chili cheese, atatas con champiñones locales, chupito de vino local (Bhutan Red)
La cena es, sin duda, una de las mejores del viaje. Y no es porque los ingredientes sean excepcionales (aunque lo son). Es porque todo tiene una lógica: ingredientes del huerto de ayer, recetas de la abuela, chica de 28 años que sirve con ganas reales de que te guste. Cuando la cocina viene de alguien que tiene la casa al lado, la diferencia se nota.
Y entonces, de postre, llega la sorpresa. Una bola de helado de vainilla en una copa de cristal. Es el sabor favorito de mi hija Oli. Y sin que me haya dado tiempo a pensarlo, el viaje entero se me resume en esa imagen: 38 años, solo, a 6.500 kilómetros de casa, comiendo helado de vainilla en un hotel que ni había pedido, pensando en mi niña de 8 años que lo pediría igual. Brindo a la cámara con el chupito de vino en una mano y la taza de té en la otra. Porque sí
Son las 22:00 y llueve otra vez con fuerza. Las banderas de oración del balcón se mueven empapadas bajo la luz amarilla de la terraza. Desde la habitación del Dharma Siddhi sigue viéndose, a lo lejos, la silueta dorada del Dzong iluminado.
He empezado el día con un plan cancelado. Lo voy a terminar con la sensación de haber vivido uno de esos días que justifica todo el viaje. La conversación con las monjas. El café Garuda después de la máscara de Garuda. El monje cruzando el puente... Las monjas tenían razón en lo que más me caló: necesito focalizar más. Focalizar en lo positivo, en las cosas que sí han pasado, en lo que sí está delante. Una lección de 14 años con tres cumplidos en un monasterio de Punakha. Todo lo demás es ruido.
Isaac, desde Punakha (Bután)
💵 GASTOS DEL DÍA: 3.893 NU (apróx 37,00 EUR)