9,53 kilómetros. 3.637 metros de altitud. Cuatro horas y once minutos con el oxígeno jugando en tu contra. Y al llegar a la cima, cuando ya no quedan piernas ni excusas, dos yaks negros te esperan pastando como si hubieran quedado contigo para el almuerzo. El trekking de Longtoe en Phobjika es el segundo día en el valle y hoy toca la versión seria: nada de paseo suave entre casitas, hoy es cresta, bosque nublado, instalaciones nómadas vacías y un paso de montaña a 3.600 metros donde las banderas de oración son lo único que se mueve. Y también una pregunta necesaria, ¿quién vive mejor, ELLOS o NOSOTROS?
Después, grullas que no pueden volar, un pueblo donde los monjes compran en el supermercado y una máscara de Garuda que lleva mi nombre escrito. Pero vamos por partes. Segundo día en el valle de Phobjika. Si ayer fue el monasterio de Gangtey y el Nature Trail (un paseo que cualquiera puede hacer), hoy es otra historia. Hoy hay que ganárselo.
- Ruta del día: ABC Lodge - Cresta de Longtoe - Gangtey
- Planificación y reservas con antelación
- Trekking por la cresta de Longtoe: 9,5 km a 3.600 metros
- Los yaks del camino y las instalaciones que los nómadas dejan preparadas
- Subida entre rododendros, líquenes y bosque nublado
- Kayche La Pass con dos yaks en la cima como comité de bienvenida
- Bajada por la cresta entre buitres, centros de meditación y un valle que no acaba
- Comida en Gadhen Lhayuel y cerveza Druk 11000
- Centro de grullas de cuello negro: Karma y Pema, las que no pueden volar
- Gangtey, regreso a mi "hogar" en Bután
- Monjes comprando en el supermercado y artesanos tallando en la calle
- Cordyceps, monedas antiguas y la máscara de Garuda
- El pueblo al atardecer
- Segunda noche en el ABC Lodge
Ruta del día: ABC Lodge - Cresta de Longtoe - Gangtey
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Punto culminante del trekking Longtoe, un paso de montaña solitario rodeado de densos bosques de rododendros y bambú enano que separa las aldeas remotas de la civilización del valle.

Espacio de conservación esencial donde la tecnología de observación (telescopios) permite entender la conexión sagrada entre el valle y las grullas de cuello negro.

Enclave de arquitectura tradicional tibetana que destaca por su monasterio (Goemba), el único de la escuela Nyingmapa en este lado de las montañas.
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La ruta del día ha sido similar a ésta...
➡️ Si todavía no habéis leído el día anterior, donde cuento cómo llegar al valle de Phobjika desde Thimphu y por qué el monasterio de Gangtey me dejó sin palabras.
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
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Trekking por la cresta de Longtoe: 9,5 km a 3.600 metros
Desayuno en el ABC Lodge con las mismas nubes bajas de ayer. Silencio. Vacas pastando en el jardín como si fueran parte de la decoración.
Este sitio tiene algo que no consigo definir. Una calma que no es aburrimiento, es otra cosa..
Pema y Pema2 recogen a las nueve. Hoyno hay carretera larga (si muchas curvas, como todo Bután) ni parada en miradores, solo en un paso. En todos hay hermosas estupas.
Eso sí, el día no se parece en nada. Hay mucha niebla y la temperatura ha bajado algunos grados.
Y por fin llegamos. Son sobre las 9:36 cuando damos por iniciado el trekking propiamente dicho. Altitud de inicio: 3.286 metros según mi reloj
Los yaks del camino y las instalaciones que los nómadas dejan preparadas
Lo primero que aparece son yaks. Muchos. Negros, enormes, con ese pelo largo que les cuelga hasta el suelo y unos cuernos que imponen respeto desde lejos.
Están en la zona baja, junto a corrales de madera y cercas que alguien construyó hace tiempo.
Pema me explica algo que no sale en ninguna guía: esto no es un campamento nómada activo sino que son instalaciones estacionales. Los nómadas las dejan preparadas en las zonas altas con leña, corrales y refugios para cuando suban con los rebaños. Y estos días, con la temporada de frío retrasada, están empezando a subir. Estamos pillando la migración justo cuando empieza.
¿Veis la leña apilada? ¿Los corrales vacíos? Eso no es abandono, es planificación. Los nómadas saben que en unas semanas estarán aquí arriba con los yaks, y lo dejan todo listo. Nadie cierra con llave. Nadie se lleva nada. En Bután, la confianza funciona así.
Subida entre rododendros, líquenes y bosque nublado
La subida empieza bien. Sendero entre rododendros con hojas enormes y árboles cubiertos de líquenes colgantes, esa barba de viejo verde-grisácea que le da al bosque un aspecto de película de fantasía.
El aire es limpio hasta que deja de serlo.
A partir de los 3.400 metros, el oxígeno empieza a jugar en tu contra. No es que te ahogues, es que cada paso cuesta un 30% más de lo que debería. Las piernas pesan. Paras más.
Y miras arriba y la cresta sigue ahí, igual de lejos que hace veinte minutos.
Flores blancas con toques rosas, flores amarillas entre arbustos, troncos cubiertos de musgo tan gruesos que necesitas dos brazos para rodearlos.
Kayche La Pass con dos yaks en la cima como comité de bienvenida
Pema camina delante con su bastón y su mochila roja, a un ritmo constante que parece fácil hasta que intentas seguirlo. A las 11:38 llegamos.
Mi Apple Watch marca 3.637 metros. El cartel dice Kayche La Pass — 3.600 m.
Banderas de oración de todos los colores atadas a un árbol seco, moviéndose con el viento como si estuvieran celebrando algo. Yo desde luego si lo hago... ufs!!
Y entonces pasa. Cuando ya estamos recogiendo para bajar, suben dos yaks a la cima. Dos. Como si hubieran calculado el timing. Se quedan ahí, pastando en la hierba seca con todo el valle de Phobjika a sus pies, sin inmutarse por nuestra presencia. Los primeros yaks de la temporada subiendo a las alturas.
¿Os imagináis? Cuatro horas subiendo, el oxígeno escaseando, llegas al punto más alto de la jornada y tu comité de bienvenida son dos bestias de 500 kilos que acaban de empezar su migración estacional.
Los nómadas dejan los corrales listos. Los yaks se adelantan. Y tú estás ahí para verlo.
Bajada por la cresta entre buitres, centros de meditación y un valle que no acaba
La bajada es otra cosa. El paisaje se abre y de repente tienes el valle entero a tus pies. Gangtey y su monasterio de tejado dorado allí abajo, pequeñito. El ABC Lodge en algún punto entre los árboles.
Y el valle glacial extendiéndose hasta donde no alcanza la vista con buitres sobrevolando y extrañas plantas a mi conocimiento.
Pema señala unas estructuras aisladas en la ladera, casi escondidas entre los árboles. Son centros de meditación budista. Y lo que me cuenta me deja boquiabierto: los monjes entran a meditar por períodos de 3 días, 3 semanas, 3 meses o 3 años.
Completamente aislados del exterior. Sin teléfono, sin visitas, sin nada. Solo ellos y su mente.
Tres años. Y yo mientras no aguanto ni tres horas sin mirar el móvil, lo cual dice mucho. Triste.
Todavía bajando nos volvemos a encontrar otra explanada llena de yaks. Hay que reconocer que son animales imponentes.
¡Qué bonito es Gangtey desde todos los ángulos! ¿No os lo parece?
Se cumplen las 4 horas cuando por fin descendemos a altura de un monasterio que hay en el otro lado del pueblo. Ya queda nada..
Son las 13:55 cuando mi reloj marca el final del recorrido en 9,53 km en 4 horas y 11 minutos. Ritmo medio de 26'23" por kilómetro. 838 kilocalorías. Y una certeza: esto no es un paseo.
¿Merece la pena el trekking de Longtoe? Si tenéis buena forma física y no os asusta la altitud la respuesta es sí, sin duda. Las vistas desde la cresta son las mejores del valle y el encuentro con los yaks en la cima es algo que no se puede planificar. Si no estáis acostumbrados a caminar en altura o vais con niños no lo hagáis, haced mejor el Gangtey Nature Trail del día anterior (13 metros de desnivel, 1h15min).
Es bonito, accesible y también tiene vistas al valle. Si queréis hacer los dos → hacedlos en este orden: Nature Trail primero (día de llegada, aclimatación), Longtoe al día siguiente. El cuerpo agradece la progresión.
Comida en Gadhen Lhayuel y cerveza Druk 11000
Después de casi diez kilómetros en altura, lo que pide el cuerpo es sentarse. Y cerveza. Comemos en el Gadhen Lhayuel Restaurant, junto al pueblo de Gangtey.
El interior es puro Bután: vigas de madera, thangkas en la pared, fotos de lamas, un cactus de Navidad rosa en la barra y una estantería con botellas de Ara, cervezas Druk y agua mineral.
Todo presidido por un calendario con la foto del príncipe heredero.
Y aquí descubro la Druk 11000, la Premium Strong Beer de Bután. Más contundente que la Druk Lager que probé en Thimphu. Después de 838 calorías quemadas, esta cerveza sabe a premio (💵 250 nu). De comida champiñones salteados con sésamo, pollo guisado con cilantro, verduras salteadas (coliflor, zanahoria, guisantes), patatas con cebollino y arroz blanco. ¿Suficiente?
Centro de grullas de cuello negro: Karma y Pema, las que no pueden volar
Después de comer, parada en el Black-Necked Crane Education Centre de la RSPN (Royal Society for Protection of Nature), que lleva trabajando en conservación aquí desde 1987.
No es temporada de grullas — vienen entre noviembre y febrero desde el altiplano tibetano — pero el centro merece la visita por dos razones.
La primera: la exposición interior. Un edificio octogonal con origamis de grullas colgando del techo, paneles sobre biodiversidad, murales pintados del valle y datos que te hacen pensar.
El 72% de la superficie de Bután es bosque. Es el primer país del mundo en ser carbono negativo. Y mantener el cableado eléctrico enterrado en Phobjika para no molestar a las grullas fue una decisión consciente del gobierno.
La segunda razón: Karma y Pema. Las dos grullas residentes que no volverán a volar. Karma apareció en el suelo del valle en 2016 con el ala izquierda destrozada. La trajeron al centro y aquí sigue. Cinco años después, en febrero de 2021, rescataron a Pema — una subadulta atacada por perros callejeros en Trongsa que probablemente chocó también con tendido eléctrico. La Reina Madre en persona le dio el nombre.
Dos grullas que representan exactamente los dos problemas que amenazan a su especie: los perros callejeros y los cables eléctricos. Y las dos viven aquí, juntas, porque separadas llevaban años de soledad.
Además, hay un pequeño Thrung-Thrung Coffee Shop al lado donde podéis tomar algo con vistas al valle. En temporada alta (noviembre) el centro tiene telescopios para observar a las grullas en la marisma.
¿Merece la pena el centro de grullas fuera de temporada? Sí. No veréis grullas en libertad (eso es noviembre-febrero), pero la exposición es interesante, las historias de Karma y Pema dan contexto a todo el esfuerzo de conservación de Bután, y el edificio en sí es bonito.
Gangtey, regreso a mi "hogar" en Bután
Y aquí viene lo mejor del día. Algo que no estaba en el itinerario. Algo que descubrí porque le pedí a Pema que me dejara pasear solo una hora por el pueblo. En Bután no puedes ir por libre, siempre vas con guía (de hecho en una tienda me preguntaron literalmente "dónde está mi guía").
Pero eso no significa que no puedas pedir tiempo para ti. Y os lo digo claro: hacedlo. Porque las cosas que encuentras caminando solo por un pueblo butanés no salen en ningún programa.
Monjes comprando en el supermercado y artesanos tallando en la calle
La primera imagen: un artesano sentado en el suelo a la puerta de su casa, tallando madera con un formón y una amoladora al lado. Sin turistas mirando. Sin cartel de "taller artesanal". Solo un señor haciendo lo que hace cada día. La segunda: un supermercado. Bueno, "supermercado" — una habitación azul con estanterías de madera llenas de todo: aceite, huevos, arroz, galletas, champú, refrescos. Y dentro, un monje joven con su túnica granate comprando como cualquier vecino. Porque eso es exactamente lo que es.
Esa foto — el monje comprando en la tienda del pueblo — es probablemente la que mejor resume Gangtey. No es un pueblo museo. No es un decorado para turistas.
Es un sitio donde la gente vive, los monjes compran galletas y los niños juegan en la calle mientras las vacas cruzan sin mirar.
Cordyceps, monedas antiguas y la máscara de Garuda
Y entonces empiezo a encontrar cosas. En una tienda llamada Lama Handi Craft — un sitio tan pintoresco que parece sacado de otra época, con una fachada de madera vieja, escalera destartalada y thangkas colgados entre lonas azules — compro unas monedas antiguas butanesas (💵 1.500 nu). El señor que me las vende las saca de una bolsita de plástico como si fueran caramelos.
En otra tienda, veo cordyceps por primera vez. El hongo parásito que crece sobre orugas a más de 4.000 metros y que los nómadas recogen en la montaña.
En los tarros pone "Grade D" y "Grade A+++" — la diferencia de tamaño es brutal. El precio del A+++ es de esos que no preguntas si no vas a comprar.
Y al fondo de una tienda de artesanía, colgada de un clavo, la veo. Rosa, con cuernos negros, ojos concéntricos hipnóticos y dos serpientes verdes saliendo de la boca. Una máscara de Garuda — el ave mítica, rey de los pájaros, protector del dharma, devorador de nagas. Con una etiqueta que dice 10.000 nu (~88 EUR).
La señora de la tienda no habla mucho inglés pero sonríe así que decido ir a buscar a Pema para intentar entenderme. Al fin, le digo que quiero que quiero conocer la historia de la máscara. Me dice que mañana, cuando venga su marido que es quien la consiguió. Ella solo sabe que la hizo un artesano del pueblo para el tshechu del monasterio de Gangtey. Lleva ahí mucho tiempo.
Si queréis saber qué es una Garuda y por qué me emociona tanto con una máscara rosa con serpientes, os lo cuento en el artículo de mañana porque a estas horas ya he decidido que volveré mañana con Pema para comprarla si consigo comprender su historia. El museo de Oli tiene sitio para ella.
El pueblo al atardecer
La luz cae. La estupa del centro de Gangtey se recorta contra un cielo dramático de nubes y naranjas. La calle principal está vacía.
Un par de coches, una tienda cerrando, un perro dormido en la puerta. Y esa sensación de estar en un sitio donde el tiempo no tiene las mismas prisas que en el tuyo.
Segunda noche en el ABC Lodge
Vuelta al lodge. La cena es similar a la primera noche — comida butanesa sencilla y correcta. Hoy no apunto el menú porque sinceramente, después de 9,5 km y una Druk 11000, lo que quiero es cama. Y aquí va el consejo: ¡Pedid dos calefactores! (y si podéis un tercero) Uno en la pared, otro tipo split pegado contra la cama. La habitación tiene motivos de nubes doradas pintados en las paredes (bonito) y es enorme (frío). Sin el segundo calefactor, la noche habría sido dura.
La habitación es grande. Demasiado grande para un solo calefactor. Por la noche la temperatura baja en serio y el radiador no llega a calentar todo el espacio. Si viajáis en temporada fría (noviembre a marzo), pedidlo al llegar — no a las 2 de la mañana cuando ya estéis temblando.
¡Y hasta aquí el día! Un trekking que te pone a prueba, un valle que te devuelve la calma y un pueblo donde descubres que los mejores hallazgos no están en el itinerario. Mañana vuelvo a la tienda a por mi máscara y después bajamos a Punakha donde tengo mucho que contaros.
Isaac, desde Gangtey (Bután)
💵 GASTOS DEL DÍA: 950 nu (apróx 8,33 EUR) [y REGALOS: 1.500 nu (apróx 13,16 EUR)]