Después de visitar casi 80 países, puedo decirte que una VPN no es cosa de hackers ni de frikis de la tecnología. Es una herramienta tan básica en mi mochila como el pasaporte o un buen adaptador de enchufes. Cuando empecé a viajar, ni sabía lo que era. Fue en mi primer viaje a China cuando descubrí que sin ella, directamente no podía funcionar. Ni Google Maps, ni WhatsApp, ni nada. Desde entonces, la llevo siempre activada y la uso de formas que probablemente no te imaginas.
Si todavía no tienes claro cómo funciona este tipo de herramientas, te recomiendo echar un vistazo a esta guía sobre fundamentos de VPN donde se explica de forma clara qué es una red privada virtual, cómo cifra tu conexión y por qué cada vez más viajeros la consideramos imprescindible. Básicamente, lo que hace es crear un túnel cifrado entre tu dispositivo y un servidor seguro, de forma que nadie —ni tu operador, ni la red wifi a la que te conectas, ni el gobierno del país donde estés— puede ver lo que haces ni rastrear tu ubicación real. ¿Te cuento casos reales de uso?
- 1. Conectarte a Internet en países con censura o restricciones
- 2. Ver tus plataformas de streaming (y partidos de fútbol) desde cualquier parte del mundo
- 3. Buscar vuelos, hoteles y actividades comparando precios de otros países
- 4. Acceder a tu banco y servicios financieros españoles sin bloqueos
- 5. Proteger tus datos en redes WiFi públicas y dispositivos compartidos
- 6. Descargar apps que no están disponibles en la App Store de tu país
- 7. Evitar el rastreo publicitario invasivo mientras viajas
1. Conectarte a Internet en países con censura o restricciones
Este es el uso que te abre los ojos. Llegas a China, enciendes el móvil y descubres que no existe Google. Ni Google Maps, ni Gmail, ni Google Translate, ni YouTube. Tampoco WhatsApp, ni Instagram, ni Facebook. Nada. Todo bloqueado por el Gran Cortafuegos. Y no es solo China. En Cuba la conectividad es limitada y muchos servicios están bloqueados o funcionan a pedazos. En Irán no puedes acceder a la mayoría de redes sociales occidentales. En Turkmenistán, buena suerte conectándote a cualquier cosa.
Con una VPN, seleccionas un servidor en otro país y navegas como si estuvieras allí. Así de simple, así de necesario. Pero hay otro escenario que la gente desconoce: las eSIMs de viaje. Servicios como Airalo o Holafly son fantásticos para tener datos en destino, pero algunos operadores locales que les dan cobertura hacen throttling selectivo. Es decir, capan el ancho de banda para streaming, videollamadas o descargas. Con una VPN activa, el operador no puede distinguir qué tipo de tráfico es el tuyo, así que no puede limitarlo. Más velocidad real con los mismos datos.
2. Ver tus plataformas de streaming (y partidos de fútbol) desde cualquier parte del mundo
Estás en un hotel en Bangkok después de un día entero recorriendo templos. Quieres ver un capítulo de tu serie en Netflix, le das al play y... "este contenido no está disponible en tu ubicación". El catálogo de Netflix cambia según el país. Lo que puedes ver en España no es lo mismo que en Tailandia, ni en México, ni en Japón. Con una VPN conectada a un servidor español, Netflix te muestra tu catálogo de siempre. O otro ejemplo práctico, ¿eres futbolero? VPN a España y problema resuelto. Así lo hice en Cuba y otros tantos sitios..
Y no es solo vídeo. Spotify te cambia el catálogo y las playlists según la ubicación. Amazon Kindle te puede mostrar una biblioteca diferente o bloquearte la descarga de libros que compraste en la tienda española. Audible hace lo mismo. Con VPN, mantienes el acceso a todo tu contenido digital tal y como lo dejaste.
3. Buscar vuelos, hoteles y actividades comparando precios de otros países
Este uso es el que más sorprende a la gente cuando se lo cuento, y el que más dinero me ha ahorrado. Las aerolíneas, los buscadores de vuelos y las plataformas de reserva de hoteles muestran precios diferentes según el país desde el que accedas. No es una leyenda urbana, es pricing dinámico basado en ubicación. El mismo vuelo Madrid-Tokio puede costarte diferente si lo buscas desde una IP española, una colombiana o una de la India. Lo que hago es sencillo: antes de comprar un vuelo o reservar un hotel, conecto la VPN a diferentes países y comparo precios. No siempre hay diferencia, pero cuando la hay, puede ser significativa. He ahorrado cantidades importantes en vuelos de larga distancia haciendo esto.
Y no se queda en vuelos y hoteles. Algunas webs de atracciones turísticas, museos y experiencias también aplican precios diferentes según tu IP. Plataformas de tours y actividades que muestran un precio para una IP europea y otro para una IP local. Merece la pena comprobarlo antes de pagar. Eso sí, un matiz importante: usa siempre el navegador en modo incógnito además de la VPN. Las cookies y el historial también influyen en el precio que te muestran.
4. Acceder a tu banco y servicios financieros españoles sin bloqueos
Esta me ha dado más de un susto. Estás en el extranjero, necesitas hacer una transferencia urgente, entras en la app de tu banco y te encuentras con un bloqueo de seguridad. Tu banco detecta que estás accediendo desde una IP de otro país y, por protocolo de seguridad, te bloquea el acceso o te congela la operación hasta que verifiques tu identidad. En el mejor de los casos es una verificación extra que te lleva cinco minutos. En el peor, te bloquean la tarjeta y tienes que llamar a tu oficina en España —con el horario desfasado y la centralita que no funciona desde el extranjero— para desbloquearla.
Con una VPN conectada a España, tu banco ve una conexión desde IP española. Sin alertas, sin bloqueos, sin drama. Lo mismo aplica a gestorías online, Hacienda, la Seguridad Social o cualquier servicio de la administración que a veces restringe el acceso por geolocalización. Para los que somos autónomos y viajamos mientras trabajamos, esto no es un capricho, es una necesidad operativa.
5. Proteger tus datos en redes WiFi públicas y dispositivos compartidos
La WiFi del aeropuerto, la del hotel, la de la cafetería donde te sientas a planificar la ruta del día siguiente. Todas tienen algo en común: no sabes quién más está conectado ni quién puede estar interceptando el tráfico. No estoy hablando de escenarios de película. En redes WiFi abiertas, capturar datos que pasan sin cifrar es técnicamente sencillo. Contraseñas, datos bancarios, correos electrónicos... todo queda expuesto si no tienes una capa de protección.
Una VPN cifra todo tu tráfico antes de que salga de tu dispositivo. Da igual que la WiFi sea insegura, porque lo que viaja por ella está cifrado y es ilegible para cualquiera que intente interceptarlo. Y luego están los dispositivos compartidos. Esos ordenadores de los business centers de los hoteles, los cibercafés que siguen existiendo en muchos países de Asia y África, o el ordenador del hostel que usan 50 personas al día. Si en algún momento necesitas usar uno de estos equipos para algo mínimamente sensible, una VPN es la primera capa de protección que deberías activar.
6. Descargar apps que no están disponibles en la App Store de tu país
Este es un uso que descubres por necesidad. Llegas a un país, alguien local te recomienda una app imprescindible para moverte por la ciudad —la app de transporte público, una app de pagos local, un servicio de taxi que solo funciona allí— y cuando vas a la App Store o Google Play... no aparece. Tu tienda de aplicaciones está configurada según tu país de registro. Muchas apps locales no están disponibles para usuarios con cuenta española porque el desarrollador no las ha publicado para ese mercado. Y al revés: a veces estás fuera y necesitas descargar o actualizar una app española que no aparece desde la IP del país donde te encuentras.
Con una VPN puedes cambiar tu ubicación aparente y acceder a la versión de la tienda de apps correspondiente. Es un uso puntual, pero cuando lo necesitas, lo necesitas de verdad.
7. Evitar el rastreo publicitario invasivo mientras viajas
Este es el uso menos llamativo pero el más constante. Cada vez que navegas sin protección, tu dirección IP, tu ubicación y tu historial de navegación se convierten en datos que anunciantes y rastreadores utilizan para construir un perfil tuyo. Cuando viajas, esto se intensifica. Buscas un hotel en Bali y durante las siguientes tres semanas te persiguen anuncios de hoteles en Bali por todas partes. Consultas un vuelo a Japón y tu feed se llena de publicidad de aerolíneas. Miras una mochila en Amazon y te aparece en cada web que visitas.
¿Y cuál uso? Si tuviera que elegir una para empezar, sería cualquier VPN de calidad con servidores en muchos países y que funcione bien en móvil, que es donde más la vas a usar viajando. Lo importante es que la tengas instalada y configurada antes de salir de casa, no cuando ya estés en el aeropuerto de Pekín descubriendo que no puedes ni abrir Google.
Isaac, usando VPN para viajar por el mundo