¿Os imagináis caminar descalzo sobre dunas de arena blanca a las cuatro y media de la mañana ver el más maravilloso amanecer desde Arher en Socotra. Y lo que vino después —una piscina natural colgada al borde de un precipicio, tortugas marinas a centímetros de mis manos y una noche que olía a los años 80 en las calles de Hadibo durante el Ramadán— convirtió este séptimo día en uno de los más completos e intensos del viaje. De la soledad absoluta de las dunas al bullicio de la capital socotrí. De la naturaleza más salvaje a la civilización más auténtica.
Este es el relato completo del último día en Socotra antes de volver a Jedda: un día que empieza antes del amanecer en las dunas de Arher, pasa por el Socotra Heritage Museum, sube hasta la legendaria infinity pool de Homhil, se sumerge en las aguas de la reserva marina de Dihamri y termina con una noche inolvidable paseando por Hadibo en Ramadán. Un día que comprime todo lo que hace grande a esta isla: paisajes de otro planeta, historia milenaria, naturaleza submarina intacta y la hospitalidad socotrí más genuina.
- Ruta del día: Arher - Infinity Pool - Dihamri - Hadibo
- Planificación y reservas con antelación
- Amanecer en las dunas de Arher, la imagen más icónica de Socotra
- Despedida del campamento de Arher
- Socotra Heritage Museum, la memoria de una isla olvidada
- Camino botánico a Homhil, un jardín alienígena en Socotra
- La infinity pool de Homhil, la piscina natural más espectacular de Socotra
- Comida y despedida del staff en Wady Qaria
- La última comida con nuestro equipo socotrí
- Snorkel en la reserva marina de Dihamri: tortugas y coral virgen
- Hadibo, la capital de Socotra: del caos al encanto
- Llegada al Hotel Summerland de Hadibo
- Hadibo de noche en Ramadán: un viaje a los años 80
- Cena en el Shabwa Restaurant de Hadibo
Ruta del día: Arher - Infinity Pool - Dihamri - Hadibo
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Gigantescas montañas de arena blanca que mueren directamente en el mar de Arabia, flanqueadas por acantilados y manantiales de agua dulce.

Un humilde pero esencial espacio cultural eque preserva la memoria de Socotra a través de utensilios antiguos, manuscritos y la historia

Esta es una piscina natural tallada en el granito que se encuentra en el borde de un acantilad, ofreciendo una panorámica espectacular de los valles del noreste y el mar de Arabia.

Un santuario de biodiversidad marina donde vibrantes arrecifes de coral y torres de roca rojiza convergen con aguas turquesas ideales para el snorkel.

La caótica y polvorienta capital administrativa de la isla, que funciona como el centro logístico esencial para abastecerse antes de adentrarse en la naturaleza salvaje de Socotra.
🏨 RESERVAS ONLINE
En este viaje, por logística (es obligatorio contar con agencia para tramitar vuelos y visado) y experiencia me voy con Clara y su grupo en español de Siente Arabia, especializada en esta zona del planeta y en expediciones/destinos temáticos. OJO que Socotra requiere reservar con muchos meses de antelación (el vuelo de entrada se agota).
La ruta del día ha sido similar a ésta...
Amanecer en las dunas de Arher, la imagen más icónica de Socotra
Son las 4:40 de la mañana y suena la alarma. Fuera de la tienda de campaña la oscuridad es casi total pero la luna cada vez es más grande. No hay farolas, no hay nada. Solo el sonido del mar y el viento suave que arrastra la arena. Salimos con linternas hacia las dunas de Arher, ese icono de Socotra que había visto en cientos de fotos pero que, como casi todo en esta isla, no se parece a nada cuando lo vives en persona.
Dejamos las chanclas en el coche y subimos descalzos. La arena no está fría pero sí con esa textura ondulada que el viento ha ido esculpiendo durante la noche. Cada paso deja una huella profunda y hay algo poético en ser los primeros en pisar una duna que el viento habrá borrado para mañana.
Clara y yo subimos más arriba que el resto. Mucho más arriba. Quizás es la forma de decirnos a nosotros mismos que no habrá mejor despedida de Socotra..
Y desde allí, cuando todavía el cielo solo insinuaba un tímido cambio de tono, empecé a entender la magnitud de lo que tenía delante: un mar de dunas blancas cayendo hacia el océano, los acantilados de caliza cortando el horizonte por la derecha y, al frente, el Mar Arábigo con sus colores turquesa imposibles empezando a despertar con los primeros reflejos.
Y entonces sale el sol. No es un amanecer cualquiera. Es el sol asomando entre las nubes y proyectando un reflejo dorado sobre el agua mientras las dunas cambian de color segundo a segundo. Del gris azulado al blanco puro, del blanco al rosa, del rosa al dorado. Es probablemente la foto más viral de Socotra y entiendo por qué.
Pero vivirlo, sentir esa arena bajo los pies y esa brisa salada en la cara a las cinco y pico de la mañana en una isla donde apenas entran 2.500 personas al año... eso no cabe en ninguna foto.
Me quedé ahí arriba un buen rato. Haciendo fotos, sí, pero sobre todo absorbiendo. Hay momentos en los viajes en los que sabes que lo que estás viviendo no se va a repetir. Este fue uno de ellos. Pero toca bajar...
Si vas a Socotra y acampas en Arher, el amanecer en las dunas es absolutamente obligatorio junto a la Cueva Hoq en Socotra, viaje al centro de la Tierra que visitamos ayer. Hay que madrugar mucho (sobre las 5:00), subir descalzo y no olvidar la linterna frontal. Las chanclas se quedan en el coche porque la arena se mete en todo. Merece la pena subir lo más alto posible para las mejores vistas.
Despedida del campamento de Arher
A las 6:30 volvemos al campamento. Toca recoger tiendas, preparar maletas y desayunar por última vez con el equipo de campamento. El desayuno es el de siempre: té socotrí, huevos, miel local, pan y café de sobre. Sencillo pero reconfortante. Llevamos una semana con esta rutina y, aunque suene raro, ya la echaré de menos.
A las 7:15 las tiendas Naturehike están recogidas, los coches cargados y nos ponemos en marcha. Hoy es un día de transición: dejamos la naturaleza pura de los campamentos para terminar durmiendo por primera vez bajo techo, en un hotel de Hadibo. ¿Transición he dicho? ¡Qué equivocado estaba!
Socotra Heritage Museum, la memoria de una isla olvidada
La primera parada es el Socotra Heritage Museum (también conocido como Folk Museum), un pequeño museo de piedra que guarda entre sus paredes la memoria de una isla que el mundo lleva siglos intentando entender.
No esperaba gran cosa, la verdad. Pero me sorprendió. El museo es modesto en infraestructura pero rico en contenido: artefactos de navegación, herramientas tradicionales, redes de pesca, fotografías coloniales y, sobre todo, una colección de objetos que cuentan la historia de una isla que ha estado en la encrucijada de civilizaciones durante milenios.
Las fotografías históricas son fascinantes. Una imagen de la Hadhrami Bedouin Legion en Hadibo en 1964, otra de socotrís bajo palmeras en la época colonial, documentos amarillentos con escritura árabe... Todo ello en vitrinas sencillas bajo un techo de caña que ya es, en sí mismo, una pieza de museo.
Me llamó especialmente la atención el traje tradicional socotrí femenino: un vestido azul intenso con bordados plateados, velo negro y unas joyas de plata elaboradísimas con collar y pendientes. Clara se compraría uno similar es noche en Hadibo. También las monedas antiguas de plata expuestas en vitrina, que parecen ser táleros de María Teresa de Austria, la moneda que dominó el comercio en el Océano Índico durante siglos.
Pero lo que más me impactó fue una foto enmarcada en la pared: la reproducción de una inscripción en siríaco del año 258 d.C., encontrada en la cueva de Hoq (la misma cueva que visitamos el día anterior). Según la placa explicativa, fue descubierta en 1991 durante un estudio medioambiental dirigido por la Dra. Miranda Morris y Diccon Alexander. Una inscripción de hace casi 1.800 años en las entrañas de una cueva socotrí. Piénsalo: cuando alguien grabó esas letras, el Imperio Romano todavía existía.
Aquí conseguí cambiar mis primeros dólares a riales yemeníes. No fue en una casa de cambio sino de la manera más orgánica posible: al comprar un libro sobre Socotra (15 USD) me devolvieron el cambio en moneda local. Así empecé a acumular los billetes de 1.000, 500, 200 y 100 YER. Los de 100 son los más bonitos porque llevan impreso el árbol de sangre de dragón. Además, Eli, nuestro guía, me regalaría por la noche una moneda yemení antigua que ya no está en circulación. Directa para el museo de Oli.
Camino botánico a Homhil, un jardín alienígena en Socotra
Alrededor de las 10:00 dejamos el museo y emprendemos la ruta hacia la meseta de Homhil. Y el camino en sí ya es una aventura. La pista de tierra serpentea entre colinas cubiertas de árboles botella (Adenium obesum socotranum), esos troncos hinchados que parecen sacados de un cuento de Tim Burton, y dragos (Dracaena cinnabari) con sus copas de paraguas invertido. Es un jardín botánico natural que no existe en ningún otro lugar del planeta.
Por el camino nos cruzamos con dromedarios y sus crías pastando entre la vegetación endémica, una estampa que ya nos resulta familiar después de una semana pero que sigue pareciendo irreal. No hay vallas, no hay cercados. Los animales viven libres en este paisaje marciano.
La flora endémica es alucinante en esta zona. Cada pocos metros aparece una especie que solo existe aquí. Me detengo a fotografiar unas suculentas con flores de un rojo intenso que crecen directamente sobre la roca. Socotra alberga más de 800 especies de plantas, de las cuales cerca de un tercio son endémicas. Caminar por aquí es lo más parecido a explorar un planeta diferente.
La infinity pool de Homhil, la piscina natural más espectacular de Socotra
Llegamos a una especie de aparcamiento donde se inicia la caminata. Aquí unos niños socotrís nos salen al paso vendiendo bolsitas de resina de sangre de dragón, esa sustancia rojiza que se extrae de las heridas del Dracaena cinnabari y que se ha utilizado durante siglos como tinte, medicina y hasta para barnizar los famosos violines Stradivarius. Le compré una bolsita para el museo de Oli. 2.000 YER.
El trekking hacia la infinity pool nos lleva por un sendero entre dragos y árboles botella. ¡Otro paisaje marciano! ¡Maravilloso!
Y de repente, después de una subida entre rocas y vegetación, aparece. La infinity pool de Homhil.
Una piscina natural de agua dulce encajada en la roca al borde mismo de un precipicio, con vistas panorámicas al Mar Arábigo cientos de metros más abajo. La terraza natural que la forma lleva ahí miles de años, esculpida por la erosión, y el efecto visual es exactamente el de una piscina infinita de resort de lujo, solo que sin resort, sin tumbonas y sin nadie. Porque, fiel a nuestra estrategia de ir siempre los últimos, nos quedamos solos una vez más.
Llegamos a las 10:30 y nos quedamos hasta las 11:30. Yo no me bañé. Desde el primer momento supe que quería dedicar esta hora a sacar fotos desde arriba, desde los ángulos que no aparecen en las postales. Y mereció la pena. Desde lo alto, la pool se funde con el cielo y el mar creando esa ilusión óptica que le da nombre: una piscina que parece no tener borde, que se derrama hacia el infinito.
Ara y Maribel sí se bañaron. El agua estaba buena, algo más fresca que el mar pero perfecta para el calor que hacía a esa hora. La imagen de ellas dentro de la pool con el valle y el océano de fondo es una de esas estampas que no se olvidan.
Me senté un rato en el borde a contemplar. Uno de esos momentos de viaje en los que no quieres hablar ni hacer nada. Solo estar. La meseta de Homhil está clasificada como Santuario Natural dentro del plan de conservación de Socotra, el nivel más alto de protección. Y se entiende. Aquí conviven dragos centenarios, árboles botella, incienso, mirra y esa pool imposible colgada del precipicio.
Es uno de los lugares más singulares que he visitado en todo los destinos que conozco
💡 CONSEJO: En la infinity pool de Homhil está prohibido usar jabón, protector solar o cualquier producto que pueda dañar el ecosistema. La piscina es de agua dulce y su equilibrio es frágil. Subir más arriba de la pool da las mejores vistas. El trekking completo (ida y vuelta) lleva unas 2 horas, pero merece la pena cada minuto.
Comida y despedida del staff en Wady Qaria
La última comida con nuestro equipo socotrí
Bajamos de Homhil y tomamos las pistas de montaña hacia el punto de comida. Los caminos en Socotra merecen un párrafo aparte: pistas de tierra y roca excavadas en la montaña donde solo los conductores socotrís son capaces de mover los Toyota Land Cruiser.
NOTA IMPORTANTE SOBRE LA LOGÍSTICA DE SOCOTRA
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Socotra y te sale esta caja es que debes saber varias cosas importantes
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Socotra y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Socotra por libre. Requiere o bien contactar con una de las agencias que operan en la isla que además de los servicios de tierra te gestionará el vuelo y el visado de entrada (no hay otra forma) pero no el resto de servicios internacionales o bien una agencia especializada como Siente Arabia que además de servicios en Socotra y Jedda, hace grupos en español.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje pero OJO, TEN CUIDADO, necesitas uno apropiado que te permita realizar actividades como el MOCHILERO o ESTRELLA de IATI Seguros y para este viaje te recomendaríamos la opción de anulación por imprevistos.
Curvas imposibles, desniveles que dan vértigo y un polvo que se mete en todo. Pero los paisajes que regalan son de otro mundo.
Llegamos al Wady Qaria for Tourism Rest, un punto de descanso entre palmeras con techo de caña y alfombras árabes en el suelo. Aquí el cocinero yemení nos prepara la última comida del viaje: sandía fresca, pescado rebozado, verduritas salteadas, batata, zanahoria y pepino. Todo servido en bandejas de aluminio sobre la alfombra, como cada día de esta semana.
Pero hoy la comida tiene un momento especial: es la despedida del staff. Los cocineros y ayudantes de montaje de campamentos —3 personas que, junto con Eli (guía), y los 2 conductores, suman un equipo de 6— se despiden aquí de nosotros porque ellos no continuarán hasta Hadibo. Y les damos la propina: 100 USD por cabeza para todo el equipo, entregados en un sobre a Eli para que los reparta.
Fue un momento emotivo. Aplaudimos a cada uno de ellos mientras Eli les explicaba que el sobre era para todos. Estas personas han montado y desmontado nuestro campamento cada día, han cocinado tres comidas diarias sin quejarse y todo ello durante el Ramadán, sin poder comer ni beber hasta la caída del sol. Su entrega es admirable.
La propina en Socotra es 100 USD por persona para todo el staff de la semana. Se entrega en billetes de 100 USD nuevos (posteriores a 2013, sin marcas ni roturas). No es obligatoria pero sí muy apreciada y absolutamente merecida. Conviene llevar el efectivo preparado desde casa porque en Socotra no hay cajeros.
Snorkel en la reserva marina de Dihamri: tortugas y coral virgen
Y cuando uno ya no espera que nada le sorprenda después de semejante cantidad de momentazos, llega la reserva marina de Dihamri, un área protegida en la costa norte de Socotra, entre Hadibo y las dunas de Arher. El cartel de entrada dice "Protected Society & Development Di-Hamri Protectorate" y el lugar tiene una infraestructura mínima: un techo de caña, unas mesas, paneles informativos sobre la fauna marina y poco más.
Nos proporcionan el equipo de snorkel (incluido en el paquete). La calidad es básica: máscara con tubo sujeto por una goma y poco más. Pero llevo mi Insta360 GO3S y eso cambia todo. Sin guía submarino, sin briefing, sin nada: te equipas y al agua. Así de simple. Así de socotrí.
Lo que encontré bajo el agua me dejó sin palabras. Y mira que llevo snorkels por todo el mundo: Maldivas, Mar Rojo, Mares del sur, Caribe... Pero Dihamri tiene algo que muchos de esos sitios famosos han perdido: coral vivo, intacto y bien conservado en un lugar sin infrastructura, auténtico, virgen.... Sin blanqueamiento, sin deterioro visible, sin multitudes de turistas con aletas golpeando todo a su paso. Y así aparece esto...
Los bancos de peces tropicales pasan a centímetros de ti. Identifico lo que parece una "Dori" (un pez cirujano azul) entre decenas de especies que ni sé nombrar.
Y entonces, el momento culminante: una tortuga marina verde aparece nadando tranquilamente por encima del coral. Me quedo inmóvil, conteniendo la respiración, grabando con la GO3S. La tortuga ni se inmuta. Pasa a menos de un metro de mí.
Unos minutos después aparece una segunda tortuga, más grande, descansando sobre el coral. Me acerco despacio, sin aproximarme demasiado para respetar su espacio y consigo una foto que está entre las mejores del viaje. Dos tortugas marinas diferentes en una hora de snorkel. Corales vírgenes. Peces de todos los colores imaginables. Sin vigilancia real, sin entradas caras, sin colas.
Solo tú y el mar. Dihamri es, sin exagerar, uno de los mejores snorkels que he hecho en mi vida. A la altura de los mejores del mundo, con la diferencia de que aquí estás prácticamente solo.
💡 CONSEJO: El snorkel en Dihamri es obligatorio si visitas Socotra. Lleva tu propia cámara acuática porque el equipo proporcionado es muy básico. La reserva cuenta con más de 250 especies de coral y 730 especies de peces costeros, ya que aquí convergen corrientes del Mar Rojo y del Océano Índico. La entrada y el equipo van incluidos en el paquete de Siente Arabia.
Hadibo, la capital de Socotra: del caos al encanto
Llegada al Hotel Summerland de Hadibo
A las 16:30 llegamos a Hadibo (o Hadibu), la capital de Socotra y la única población de la isla que merece el nombre de ciudad. El contraste con la naturaleza salvaje de los últimos seis días es brutal. Lo primero que veo es el puerto pesquero con sus barcos anclados, luego una gasolinera con aspecto desolado y, al entrar en la ciudad, una mezcla de construcciones a medio terminar, tiendas con carteles en árabe y... basura. ¡Mucha basura!
Hay que ser honestos: Hadibo tiene un problema grave con los plásticos.
Hay una zona junto a las palmeras que es directamente un vertedero al aire libre. La guerra en el Yemen continental ha colapsado la gestión de residuos y Socotra, a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sufre las consecuencias. Es una imagen dura que contrasta con la pureza de la naturaleza que hemos visto toda la semana. Y esto también hay que contarlo.
Pero Hadibo también tiene su encanto, y lo descubriré por la noche. De momento, lo que me importa es que llegamos al Hotel Summerland y, por primera vez en una semana, tengo una cama. Una cama de verdad. Con sábanas. Y un aire acondicionado que funciona. Y un techo. Después de seis noches durmiendo en tienda de campaña sobre terreno rocoso, esto parece el Ritz. Aunque si os soy sincero, está bien exagerar pero no me hubiera importado volver a quedarme una noche más acampado bajo un millón de estrellas.
La habitación es sencilla pero correcta: dos camas individuales (en una dejé la maleta), mesilla, espejo, armario. Limpia. Lo que no hay es agua caliente. La ducha es fría, como en todo el viaje. Socotra no te da ese lujo. Tampoco te garantiza electricidad: desde que los saudís reemplazaron a los emiratíes en la gestión de la isla, los generadores funcionan entre 2 y 10 horas al día dependiendo del suministro de combustible. Hoy tenemos suerte porque el hotel debe contar con generadores propios.
Un dato revelador que nos comentó Eli: el 90% de las tiendas de Hadibo son propiedad de gente de Yemen del Norte, no de socotrís. La economía de la isla está controlada en gran parte desde fuera, lo que genera una tensión sorda entre los locales y los continentales. Los socotrís se sienten una identidad aparte, con su propio idioma (sin escritura), sus propias tradiciones y un sentimiento de pertenencia que no es yemení ni árabe. Me recordó mucho a lo que viví en Irán con los persas.
Hadibo de noche en Ramadán: un viaje a los años 80
Y entonces llega la noche. Y Hadibo se transforma. A partir de las 20:00-20:30, cuando cae el sol y se rompe el ayuno del Ramadán, la capital de Socotra cobra vida de una manera que no esperaba. Las calles se llenan de gente. Los puestos de fruta iluminan las aceras con sus plátanos, sandías y naranjas colgantes. Los niños salen a jugar en la calle con bicicletas y juegos improvisados. Y hay un olor... un olor que me transportó directamente a los años 80 o 90, a esos tiempos en que éramos niños de las calles, sin tablets ni tecnología.
Pasear por Hadibo en Ramadán es un viaje en el tiempo. Es como retroceder 40 años a una España que ya no existe, donde los críos jugaban hasta tarde en la calle y los vecinos se sentaban en la puerta a charlar. Aquí no hay redes sociales ni pantallas. Hay vida. Hay comunidad. Hay un ambientazo que no vivía desde mis viajes a Siria, donde descubrí por primera vez la amabilidad árabe (ojo, aquí no los llames árabes, son SOCOTRÍS)
Entramos en una tienda de artesanía socotrí que resulta ser un centro de rehabilitación del patrimonio de la mujer, financiado por cooperación alemana (BMZ) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP). Dentro hay cestas tejidas a mano, sombreros de palma, bolsos tradicionales y todo tipo de artesanía local. Aquí compré el bolso de souvenir para Paula (25 USD) y unas chocolatinas para ella y Oli (2.000 YER).
Clara se fue directa a la tienda de ropa tradicional y se probó un vestido socotrí como el que habíamos visto en el museo. Un taller de costura con máquinas industriales JAKI donde confeccionan las telas negras con bordados dorados que visten las mujeres de la isla. Ver la cadena de producción artesanal detrás de cada prenda le da un valor completamente diferente.
Cena en el Shabwa Restaurant de Hadibo
La cena fue en el Shabwa Restaurant, una cadena yemení con sede en Hadibo fundada en 1999. Terraza exterior con mesas de plástico y sillas de colores bajo luces de Ramadán, cocina abierta donde dos chicos jóvenes saludan sonrientes mientras amasan pan en un horno cilíndrico tradicional.
Pedimos pollo frito con patatas, zumos de naranja y lo que se convirtió en la estrella de la mesa: un pan de pita gigante. Cuando el camarero lo trajo y lo levantó para enseñárnoslo, Clara —ya vestida con su flamante traje socotrí azul— se giró con los ojos como platos. La foto del grupo cenando, con ese pan descomunal en primer plano y Clara con su vestido tradicional, es probablemente la imagen que mejor resume esta última noche en Socotra: autenticidad, alegría y la sensación de estar viviendo algo irrepetible.
Después de cenar seguimos paseando. Supermercados con estanterías imposiblemente llenas de productos, fruterías nocturnas, el Busairi Bank con su ATM que probablemente no funcione la mitad de los días... Yo no compré más.
Me senté en un banco a observar. A ver pasar la vida de Hadibo en Ramadán. Esos momentos de sentarte y simplemente mirar son los que más recuerdos dejan. Hotel a las 23:00. Mañana toca madrugar: nos vamos de Socotra.
Dicen que los finales son lo que más recuerdas. Y Socotra lo sabe. Este séptimo día concentró todo lo que hace grande a esta isla: la belleza sobrenatural de las dunas de Arher al amanecer, la emoción de contemplar una piscina natural suspendida sobre el mar en Homhil, la sorpresa de nadar con tortugas marinas en Dihamri y la calidez humana de Hadibo en Ramadán. Toca ir guardando todo esto cada uno en su álbum de recuerdos propio. Yo lo he hecho en pequeñas píldoras de vídeo para mi peque todos los días... Mañana toca volver de la Isla Misteriosa.
Isaac, desde Hadibo en Socotra (Yemen)