Son las 5:15 de la mañana y suena la llamada. No un despertador — una llamada real, física, que retumba entre los edificios del monasterio. Todos los monjes van a los templos. Salen de todas partes, en túnica granate, algunos descalzos, otros medio dormidos. Y yo voy con ellos, por segunda y última vez. Porque hoy toca despedirse de Dodeydrak, bajar a Thimphu y descubrir los mejores mercados, artesanía y comida en Thimphu que no salen en ninguna guía. Pero eso vendrá después. Ahora mismo estoy a 3.100 metros, hace frío, y lo que viene durante la próxima hora va a marcar el día entero.
Ayer dormí en el monasterio de Dodeydrak y nevó sobre los templos mientras salía de la oración. Hoy el quinto día en Bután arranca con el amanecer entre monjes y acaba con una cena que me va a cambiar la forma de ver este país. El día tiene de todo...
- Ruta del día: Dodeydrak - Thimphu
- Planificación y reservas con antelación
- Amanecer en Dodeydrak, la despedida que no quieres dar
- El templo-cueva con pinturas del siglo VII
- Trekking de regreso a Thimphu: Langures grises y caravanas de mulas
- Tashichho Dzong desde la carretera, la fortaleza donde vive el rey
- Zombala Restaurant: los momos que comen los butaneses (y cerveza Druk)
- Mercados, artesanía y lo que significa "made in Bhutan" de verdad
- El mercado de verdura: la prueba de que la comida es orgánica
- Las tiendas de tejidos: todo se cose aquí
- El mercado de artesanía: máscaras, thangkas y una semilla que va a dar fruto
- Cena en el Sky Garden con Tashi: cocina butanesa y la conversación que lo cambia todo
- Thimphu de noche: una capital que se apaga pronto
Ruta del día: Dodeydrak - Thimphu
Planificación y reservas con antelación
LUGARES VISITADOS

Monasterio-escuela aislado en la montaña donde la espiritualidad se respira en el silencio y la sencillez de los jóvenes monjes.

El corazón de la única capital sin semáforos del mundo, donde la arquitectura tradicional butanesa se mezcla con locales de comida auténtica

Un festín sensorial de chiles secos, incienso y artesanía que funciona como el epicentro social y agrícola del valle.

Sofisticado restaurante en la azotea del hotel Yarkay que ofrece cocina fusión y vistas panorámicas espectaculares del skyline de Thimphu.
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Solo se puede viajar a Bután obligatoriamente con agencia especializada que es la encargada de tramitar también el visado de acceso e incluir la tasa obligatoria diaria. Yo me he ido con la agencia Youlantours de Alberto, con quién estuve ya en Tíbet y que tiene los mejores proveedores de China, Tíbet e India.
La ruta del día ha sido similar a ésta...
Haremos base en Thimphu antes de avanzar hacia el interior del país a partir de mañana temprano. ➡️ Si todavía no sabemos donde empezamos el día tras el trekking a Dodeydrak y la noche con los monjes, empezad por aquí porque este artículo arranca donde acaba ese.
NOTA IMPORTANTE QUE DEBES LEER:
Si has llegado hasta este artículo del diario de viaje a Bután y te sale esta caja es que ya estamos dentro de un país al que no se puede viajar por libre y debes conocer 3 datos:
- 1. Este relato forma parte de una guía completa de nuestro viaje a Bután y dispone de muchos más artículos que te servirán para preparar el tuyo.
- 2. NO es posible viajar a Bután por libre. SOLO Y EXCLUSIVAMENTE se puede acceder contratando un tour con una agencia especializada. Nosotros hemos viajado con Youlan Tours con quién viajamos también a Tíbet, que además te permite diseñar un viaje a medida con experiencias únicas diferentes a las rutas tradicionales.
- 3. Ni decir tiene que debes tener un seguro de viaje y además aquí te recomiendo uno completo como el IATI Anulación Premium ya que se llega a alturas de 4.000 metros. También podría valerte la opción MOCHILERO.
Amanecer en Dodeydrak, la despedida que no quieres dar
¿Pero qué es esto? ¿Qué está pasando? ¡Son las 5.15! ¿Quién se despierta a esta hora?
La oración del amanecer es, si cabe, más intensa que la del atardecer. Quizá porque sabes que es la última. Quizá porque a las cinco de la mañana, con las nubes bajas entrando por el valle y el frío cortando la cara, todo se siente más real. Una hora de cantos en dzongkha, trompetas dungchen y tambores que hacen vibrar las paredes del templo. No puedo grabar. Y otra vez, mejor así.
La mañana es preciosa. Nubes bajas, no demasiado frío, y una luz que entra lateral por los pinos y baña todo el monasterio de un dorado que parece de película (pero no lo es — esto es Dodeydrak un 17 de marzo).
Salgo del templo y me encuentro a los monjes estudiando en los bancos de piedra, con sus libros de texto tibetano abiertos.
Silencio. Paz. Monjes estudiando.
Caballos (más bien mayoritariamente mulas) que suben las provisiones desde abajo. Aquí no llega Amazon — todo sube a lomo de mula por el mismo sendero que subí ayer.
Es una imagen que siempre he tenido en mi cabeza pero nunca había visto tan real delante de mi.
De hecho, eso me hace reflexionar algo muy real, como me pasó en Uzbekistán vs Irán. Esto no es una abadía antigua, ni un monasterio que recuerda siglos pasados. Es historia en vida, y yo estoy aquí. ¡Está ocurriendo!
El desayuno vuelve a ser en el comedor de la casa principal: huevos revueltos con tostada francesa. Y Pema, que es un crack, tiene un café preparado para mí (no sé de dónde lo saca a 3.100 metros, pero lo tiene).
Me siento junto a la ventana y el valle entero se abre delante. ¿Veis esa carretera de ahí abajo? Pues de ahí vengo. Y ahí vuelvo.
¡Qué desayuno y qué vistas! Después de dos días en un monasterio sin wifi, sin cobertura y sin nada que se parezca a mi vida normal, este plato de huevos con este paisaje es lo más lujoso del viaje. Ahora bien, lo que no me esperaba es vivir otra escena como la bendición de una bandera de la oración.
Otro detalle que me encanta y que desconocía es que Pema me enseña la app Zakar, el calendario astrológico butanés digital. Hoy, 17 de marzo de 2026, es "Earth Horse / Earth Fire" y marca como Good Day — buen día para izar banderas de oración, empezar negocios y plantar árboles. No sabía ni que la tecnología había llegado a estos aspectos de la vida..
Mal día para excavar tierra (lo cual me parece razonable a 3.100 metros).
El templo-cueva con pinturas del siglo VII
Antes de bajar, Pema me lleva al rincón más especial del monasterio: el templo anclado en la roca. Literalmente construido contra la pared de la montaña, con la estructura de madera encajada en la piedra como si hubiera crecido ahí.
Arriba, en la roca viva, hay pinturas rupestres que datan de los siglos VII y VIII — anteriores al monasterio actual (fundado en 1779), anteriores a casi todo lo que hay en Bután.
Los primeros asentamientos en este lugar son del siglo XII como os contaba ayer. Pema me señala las figuras pintadas en la roca: probablemente representaciones de Guru Rinpoche. Los colores, después de más de mil años, todavía se distinguen.
Dentro de la cueva, toco la roca con la mano. Alguien pintó esto hace trece siglos. Y sigue aquí. Sin cristal protector, sin cartel de "no tocar", sin taquilla de entrada. Simplemente está. Y tú estás delante. Eso es Bután.
Me despido del monasterio desde el mirador. Placa de bronce en la roca: "Dodeydra Sheydra". Ya sé que la palabra sheydra significa escuela monástica de estudios superiores.
Aquí se forman 180 monjes durante 4 años. No es un monasterio turístico — es una universidad budista en lo alto de una montaña. Ah, no es obligatorio pero me ha parecido buena idea dejar una donación monasterio al monasterio de 💵 2.500 nu
Trekking de regreso a Thimphu: Langures grises y caravanas de mulas
A las 10:15 empiezo la bajada. Los langures grises del Himalaya están otra vez por todas partes.
Los vi ayer en las estupas y hoy los encuentro en la bajada, trepando por las ramas secas. Ya paro menos a hacer fotos (quinto día, me estoy acostumbrando a ver cosas increíbles — y eso es señal de que Bután está funcionando).
¡Mirad la cara de este! Cara negra, melena blanca, ojos que te miran como diciendo "¿y tú qué haces aquí?". Buena pregunta.
Por el camino nos cruzamos con una caravana de caballos cargados subiendo provisiones al monasterio. Sacos de arroz, verdura, todo lo que necesitan los 180 monjes.
Suben por el mismo sendero de piedra que estoy bajando. El arriero va detrás, con una cuerda y la paciencia de quien hace esto todos los días. Es una imagen que resume Dodeydrak mejor que cualquier foto del templo.
Y aquí confirmo algo que ya sabía pero que ahora vivo: bajar siempre es más rápido que subir (¿evidente? sí, pero a 3.100 metros con el oxígeno justo, se agradece). Ayer tardé 2 horas en subir. Hoy bajo en 1 hora y 10 minutos.
Más abajo, entre los pinos, aparece el cartel de "Chundudra Playground / Dechencholing Goenpa". Las banderas de oración (la mía que colgué ayer también) cuelgan entre los árboles jóvenes y al fondo, por primera vez, se ve Thimphu abajo. La capital entera metida en su valle, con los tejados turquesa y verdes que ya reconozco.
Y entonces Pema se para. Se gira hacia atrás, con el gho, la mochila y la montaña detrás, y mira Thimphu desde arriba. Le hago una foto porque la imagen es Bután en estado puro: un guía con traje tradicional bajando de un monasterio con una capital a sus pies.
💡 Bajada Dodeydrak: 1h 10min hasta el punto donde empieza el sendero, 10 min más en coche hasta la carretera. Más fácil que la subida pero ojo a las piedras sueltas con el rocío matutino. Llevar bastón si tenéis rodillas sensibles.
Tashichho Dzong desde la carretera, la fortaleza donde vive el rey
Al llegar a la carretera, donde nos espera Pema2 con el coche, pasamos por un mirador desde donde se ve el Tashichho Dzong, la fortaleza-monasterio más importante de Thimphu que ya visitáramos por dentro en la jornada que os conté en "Thimphu, la insólita capital de Bután (sin semáforos)". Es la sede del gobierno, del trono del rey y de la principal autoridad religiosa del país. Todo en el mismo edificio. ¿Os imagináis a Moncloa, la catedral de la Almudena y un monasterio en el mismo recinto? Pues aquí es normal.
Desde la distancia la estructura es colosal: paredes blancas, torre central dorada, tejados rojos, rodeada de campos de arroz secos en marzo. Y detrás, la montaña. Todo el poder del país en un edificio que parece más un templo que un parlamento.
Zombala Restaurant: los momos que comen los butaneses (y cerveza Druk)
Llegamos a Thimphu y Pema me lleva directo al Zombala Restaurant, el sitio de momos en Thimphu donde comen los locales. No tiene página web. No tiene fotos de platos en la puerta. Tiene un cartel azul en dzongkha con un número de teléfono y un pasillo estrecho que huele a masa hervida. Esto es lo que quiero.
Nos sentamos en mesas de madera junto a familias butanesas que comen lo mismo que vamos a comer nosotros: noodles de pollo con carne en cuencos enormes, momos de ternera hervidos, momos de cerdo hervidos y momos fritos de queso.
Todo servido con salsa picante de chile y especias. Exquisito.
¿La cerveza? Druk Lager (la lata azul). Flojita. Tipo Heineken pero sin el cuerpo. Muy suave, muy genérica — vamos, que vengo de Galicia y la Estrella Galicia le da mil vueltas. Pema la bebe como si fuera champagne, así que igual es cosa mía. Ah, las bebidas alcohólicas nunca se incluyen en los paquetes de viaje (💵 215 nu)
El detalle que me encanta: en la pared, el retrato de la familia real butanesa enmarcado con un lazo amarillo. Esto lo veis en cada restaurante, cada tienda, cada casa de Bután. Aquí quieren a su monarquía de una forma que en Europa nos cuesta entender.
El interior de Zombala es sencillo: barra de madera, nevera con refrescos y cervezas, mesas de madera con cojines, cartel de "Kitchen No Admission". Sin florituras. Sin Instagram. Sin turistas. Solo comida local hecha como la hacen aquí.
DECISIÓN CHAVETAS Si queréis momos auténticos en Thimphu → Zombala Restaurant. Pedid a vuestro guía que os lleve donde come él, no donde lleva a los turistas. Si os da igual y preferís algo "bonito" → hay restaurantes con decoración y carta en inglés, pero los momos no van a ser estos.
Mercados, artesanía y lo que significa "made in Bhutan" de verdad
Tras la comida, toca recorrer el centro de Thimphu a pie. Y esto es lo que más me sorprende del día: Bután es de los pocos países del mundo donde puedes comprar artesanía real, hecha allí, no importada de China. La etiqueta "Made in Bhutan" no es marketing — es que ves a las mujeres cosiéndolo delante de ti. Después de 79 países, os puedo decir que esto es extraordinariamente raro.
El mercado de verdura: la prueba de que la comida es orgánica
Antes de la artesanía, pasamos por el mercado de verdura de Thimphu. Un pasillo estrecho entre puestos donde la fruta es irregular, las verduras tienen tierra encima y el pescado seco se vende al peso. Una mujer con kira (la túnica femenina butanesa) elige sus verduras con la calma de quien no tiene prisa.
No hay cadenas de comida rápida en todo Bután. Ni un McDonald's, ni un KFC, ni un Starbucks. No los han permitido. La comida es orgánica porque así es como crecen las cosas aquí — se ve en la fruta irregular, en la verdura que parece sacada de un huerto y no de un invernadero industrial. Pero ojo, no todo es perfecto: Pema me cuenta que desde la pandemia la dieta empeoró bastante. Más alimentos procesados, menos trekking, y como resultado empezaron a subir el cáncer y la diabetes. Un país que durante siglos vivió de arroz, chile y verdura del campo, ahora empieza a sufrir las enfermedades del "progreso".
Las tiendas de tejidos: todo se cose aquí
Entramos en una tienda de telas y me quedo mirando: cientos de rollos de tejido butanés en todos los colores, apilados del suelo al techo. Y al fondo, dos mujeres cosiendo gho y kira en máquinas de coser. En la pared, un calendario de 2026 que dice "Fire Male Horse Year". Todo cuadra.
Esto no es una tienda de souvenirs. Aquí vienen los butaneses a comprar la tela para sus trajes. Los cosen a medida, delante de ti, en la propia tienda. No he visto esto en ningún otro país de Asia.
El mercado de artesanía: máscaras, thangkas y una semilla que va a dar fruto
Y llegamos al mercado de artesanía de Thimphu. Puestos exteriores de bambú a lo largo de la calle, con toldos de madera y todo lo que os podáis imaginar: máscaras colgadas de las paredes (no réplicas genéricas — máscaras con la cara pintada que reconozco de las danzas sagradas de los tshechu), thangkas pintados a mano, mandalas dorados, pulseras de nudos budistas, estuches de tela, mochilas con tejido butanés.
Lo que más me gusta: todo tiene la etiqueta "Made in Bhutan". Cojo una mochila y la giro — ahí está, cosida en la tela. En la tienda de al lado, una mujer está cosiendo un thangka en la máquina. Esto es artesanía real, no el "made in China" que encuentras en el 90% de los mercados turísticos del mundo.
Compro varias cosas para casa y una figurita para el museo de Oli (mi hija colecciona objetos de cada país — este va a ser uno de sus favoritos). La vendedora, con su kira rosa, posa conmigo sonriente. Es un momento bonito también para ella pues es una figura que hizo su abuela hace muchos muchos años y por fin se ha vendido. ¡Y yo me alegro de ser el comprador! (💵 4.400 nu en total todo).
Pero hay algo que me ronda la cabeza desde que vi la primera pared de máscaras: quiero una máscara de Garuda. No una réplica souvenir. Una de verdad. Antigua. Bailada en un festival. De esas que un artesano talló para un tshechu y que después un monje guardó en un monasterio. No se si conseguiré algo así pero ya la tengo entre ceja y ceja.
Sé que en este mercado no la voy a encontrar — aquí las máscaras son bonitas, pero son nuevas. La semilla está plantada. Y como todo en Bután, lo que buscas acaba apareciendo cuando menos lo esperas. Igual que ese café necesario (💵 150 nu) antes de volver al hotel, que es el mismo del primer día tras el "Aterrizaje en Paro, el aeropuerto más peligroso del mundo".
💡 Qué comprar en Bután: Máscaras de festival (💵 500-5.000+ nu según autenticidad y antigüedad), thangkas pintados a mano, pulseras de nudos budistas, telas de telar, estuches y mochilas de tejido butanés. Preguntad siempre si es "Made in Bhutan" — la gran mayoría lo es. Las mujeres cosen delante de vosotros en la propia tienda.
Cena en el Sky Garden con Tashi: cocina butanesa y la conversación que lo cambia todo
Por la noche, cena especial. Tashi, la representante de Youlan Tours en Bután (y jefa de Pema), cena con nosotros en el Sky Garden Restro Bar, un rooftop de Thimphu con decoración de techo floral que parece sacado de otro país. Barra de piedra, sillas naranjas, luces cálidas, vistas nocturnas de la capital. Bonito. Muy bonito.
Pero hay un detalle que dice mucho de mí y de cómo estoy viviendo este viaje: el Sky Garden tiene carta internacional arriba. Pasta, hamburguesas, lo que queráis. Pero yo pido la carta del Zachum, el restaurante butanés que tienen en la planta de abajo. No he venido a Bután a comer pasta.
Y lo que llega a la mesa es un festival: jasha ezzay (pollo picado con especias), shamu ngo ngow (setas con queso), kewa ngo ngow (patatas fritas con especias y hierbas — atención, esto es adictivo), shakam ema datshi (carne seca con chile verde y queso), nya tshoem (pescado), datshi ngo ngow (verduras con queso) y arroz blanco.
Todo en cuencos de madera. Vino tinto y una Druk 11000 — la roja, que esta sí está buena, con cuerpo, muy por encima de la Lager azul de mediodía.
¡Menudo festín! Pero lo mejor de la noche no es la comida. Es la conversación. Tashi me cuenta sobre el Bon, la religión espiritual indígena del Tíbet, anterior al budismo. Una tradición de chamanismo y rituales para armonizar energías que conecta directamente con la naturaleza. Todavía se practica aquí, en Bután, aunque el budismo sea la religión mayoritaria. Tashi la compara con el zoroastrismo en su relación con las religiones abrahámicas: el tronco del que salieron muchas ramas. Fascinante.
Y luego viene la parte que ningún folleto turístico menciona: Bután tiene un problema serio con el alcohol. Incluso problemas de violencia doméstica. Toman whisky con agua y un licor de arroz llamado Ara, parecido al arak jordano o al sake japonés. Es un país espiritual, budista, con índices de felicidad que todo el mundo cita — pero tiene sus sombras.
Y cuando alguien de dentro te lo cuenta cenando a las diez de la noche en un rooftop de Thimphu, la imagen se completa. Bután no es perfecto. Ningún país lo es. Pero es el único que he visitado donde alguien me ha contado sus problemas sin que se lo pida, sin vergüenza, con una honestidad que desarma.
Thimphu de noche: una capital que se apaga pronto
Salimos del restaurante y Thimphu está ya medio dormida. Son las once y la calle principal tiene las tiendas cerradas, algún coche suelto y esa calma de pueblo que no cuadra con la palabra "capital".
Desde la ventana del coche, dos imágenes que cierran el día: la estupa iluminada en el centro de Thimphu y, arriba en la montaña, el Buddha Dordenma brillando en la oscuridad. El mismo Buda gigante que vi de día hace dos mañanas, ahora reducido a una silueta dorada entre nubes. 125.000 budas dentro, 100.000 personas durmiendo abajo.
A las 23:00 estoy en la cama. Mañana sale el sol temprano y salimos hacia Gangtey. Cruzaremos el Dochula Pass a 3.150 metros, donde 108 estupas nos esperan entre las nubes. Y al otro lado, un valle tan grande que no se ve dónde acaba. Pero eso os lo cuento en el siguiente artículo.
Isaac, ya desde Thimphu (Bután)
GASTOS DEL DÍA: 2.865 nu (apróx 25,15 EUR) [y REGALOS: 4.400 nu (apróx 38,60 EUR)]