Abr
20
Petra ha vivido en el olvido desde que en época bizantina fuera abandonada. Desapareció para todos y dejamos de saber de su existencia. No me imagino el asombro que pudo sentir Jean Louis Burckhardt en 1812 cuando caminando por los desfiladeros se encontró aquel precioso tesoro. El sueño de cualquier arqueologo. El sueño de Indiana Jones.
Evocar todo esto desde la perspectiva de un viajero es complicada hoy ya adaptada al turismo, pero evadirse y pensar en lo que debió ser aquel momento te lleva a soñar por un momento. Y allí estabamos, a primera hora, accediendo por la puerta de los visitantes recien abierta.
En el siguiente mapa (sacado del Google Imagenes) se puede observar como la ciudad queda en un enclave muy particular, en medio de las montañas, lo que facilitó este aislamiento.
Construido en el S.III a.C. el Monasterio es todavía más imponente que el Tesoro. Tiene ese nombre porque se utilizó como tal durante la época bizantina. En frente hay un "chiringuito" donde tirarse un rato a tomar un refresco y observar semejante preciosidad tallada en roca. Posiblemente lo más bonito de toda la ciudad.
Y de allí bajamos a comer algo al restaurante que habíamos visto, a planificar las visitas para la tarde, a dosificarnos y a guardarnos un poco de aquella arenisca rojiza de recuerdo.
Archivado en Jordania'06
